Casa > Blog De Andrew > 23 de Noviembre – Por los Pobres

“‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?’ ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí’”.
(Mt 25: 37-40).

La lectura del Evangelio del día de hoy termina el año de la Iglesia Católica, y apropiadamente de ese modo. Al final, somos juzgados por la calidad de nuestro amor, y en particular, la forma en que amamos a los perdidos y los más pequeños.

Esto me ayuda a recordar que debajo de los avances, protestas y desfiles “gay” yacen personas heridas que han luchado la mayor parte de sus vidas para sentirse a gusto en su propia piel como hombres y mujeres. Esa es la verdadera pobreza: ser excluidos de la dualidad sexual que nos define como portadores de la imagen. La vergüenza, la soledad, los crecientes temores, y una gran cantidad de opciones en cuanto a cómo uno podría resolver mejor su “pobreza” añaden confusión a la mezcla.

Nuestra indulgente cultura consumista no es de utilidad. El sexo vende de todo, no muy diferente de la descripción de Sodoma mencionada en el libro de Ezequiel, una ciudad que era “arrogante, sobrealimentada, sin preocuparse por los pobres y no dispuesta a ayudarlos, propensa a inmoralidades detestables” (16:49). Del mismo modo, nuestros jóvenes crecen en una cultura que descarta la fragmentación real que se encuentra detrás de la atracción hacia el mismo sexo. En cambio, la mayoría de los “expertos” afirman con ligereza una condición moralmente neutral de que la persona “nace así”.

Al dar muy pocas respuestas a las personas que luchan con la identidad de género, más bien los instamos a a sexualizar su angustia. En Internet, los niños descubren una “superautopista gay” donde ellos pueden evocar y conectarse con cualquier “amante de fantasía” que desean.

Apoyamos la pobreza de una generación herida. Ya no buscamos entender lo que realmente está sucediendo en la esencia de la atracción hacia el mismo sexo. ¿Por qué un niño en crecimiento rechaza su masculinidad y anhela su realización en un ser masculino aparentemente más realizado? ¿Por qué una chica es vulnerable a las insinuaciones sensuales de una amiga mayor?

Hay respuestas pero ya no hacemos las preguntas. En vez de eso, clamamos “paz cuando no la hay”, y generamos una gran cantidad de opciones sexuales para resolver lo que queda: un niño o una niña frustrada que busca cómo resolver sus necesidades y heridas profundas relacionadas con su identidad de género. Al final, él/ella está buscando una fuente de amor que confirme esa identidad.

Si verdaderamente buscamos ser una comunidad que va tras los perdidos y los más pequeños, podemos empezar por saber que las “nuevas” respuestas sobre la homosexualidad no están funcionando. No importan las nuevas libertades promocionadas por las escuelas y las leyes y las celebridades: los niños que han crecido pobres no se dejan engañar. La identificación y la práctica homosexual no los ha liberado.

La Iglesia tiene las respuestas. Nosotros debemos activarlas. La libertad para los quebrantados sexuales sólo puede venir de una comunidad de personas que los aman tal como son mientras los llama a más: a la autoentrega generosa de Jesús. Al confirmar su profunda necesidad de amor y sanidad, mientras se les ayuda a vivir castamente, estos hombres y mujeres jóvenes pueden descubrir la integración de género que Dios quiere para ellos.

Estoy de acuerdo con el Papa Francisco: “Lo que con razón debe molestarnos y perturbar nuestras conciencias es que muchos de nuestros hermanos y hermanas están viviendo sin la luz, la fortaleza y el consuelo que nacen de la amistad con Jesús, y sin una comunidad de fe que les apoye” (EG). ¿Nos movilizaremos y convertiremos nosotros en esa comunidad?

Nosotros en Desert Stream/Aguas Vivas estamos siendo testigos de un nuevo auge de adultos muy jóvenes que renuncian a las relaciones “homosexuales” y se encaminan hacia Jesús. En Su gran amor, Dios los está liberando para que se apropien de su pobreza. Como Iglesia, ofrezcámosles la riqueza de Su amor amándolos bien y sabiamente. Su integridad como personas, y la integridad de la novia misma, depende de ello.

“¿Hasta cuándo defenderán la injusticia y favorecerán a los impíos?
Defiendan la causa del huérfano y del desvalido;
al pobre y al oprimido háganles justicia.
Salven al menesteroso y al necesitado; líbrenlos de la mano de los impíos”.
(Sal 82: 2-4)

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