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San Pedro Claver, un Jesuita que sirvió como misionero entre los africanos esclavos de los terratenientes de la Colombia del siglo XVII, descendía a las bodegas de carga de los barcos de esclavos y acogía con un crucifijo en una mano, y medicina y alimentos en la otra a aquéllos que apenas estaban vivos.  “Este Jesús te amará mejor que cualquier persona podría hacerlo…”  Él amó 300,000 esclavos y los guió hacia la nueva vida que sólo Cristo Jesús da.

3141434e-836b-482c-8a3f-b54e2c6dd5cbNosotros necesitamos el Espíritu de San Pedro Claver a medida que buscamos amar una generación esclavizada por la sexualización temprana de las necesidades no sexuales combinado con respuestas falsas y desalentadoras a preguntas apremiantes sobre el amor, la intimidad y la identidad de género.  “Desvalida y agobiada” es una generación sin límites que necesita del amor transformador que perdura.

Primera esclavización: la vulnerabilidad de los jóvenes a los abusos sexuales.  En una innovadora revisión de la investigación más contemporánea en el área de la sexualidad y el género (“Sexualidad y Género: Hallazgos de las Ciencias Biológicas, Psicológicas y Sociales”, The New Atlantis Journal, Otoño 2016), los Doctores Lawrence Mayer y Paul McHugh citan los índices persistentemente altos de abuso sexual infantil entre las personas que más adelante se identifican como adultos homosexuales o lesbianas (3 veces más para todos en contraste con sus contrapartes “heterosexuales”; 5 veces más para los hombres adultos “gays” que fueron abusados de forma homosexual cuando eran niños).  Uno de los impactos del abuso: las necesidades normales de conexión y atención se sexualizan, lo cual posteriormente fomenta la identificación “gay”.

Segunda esclavización: los sistemas en la cultura occidental diseñados para abogar por los jóvenes “en riesgo”, incluyendo los educadores de la escuela secundaria y la preparatoria, los terapeutas y los trabajadores sociales se lanzan a la oportunidad de confirmar a los preadolescentes y adolescentes como “homosexuales” en cuanto no más éstos expresan algún tipo de atracción hacia personas del mismo sexo.  Impulsados por la creencia discutible de que uno nace intrínsecamente “gay”, estos “defensores” juveniles en realidad contribuyen al abuso en adolescentes al instar a los vulnerables a asumir una identidad “gay” y sumarse a un grupo de iguales.  ¿Cuántos niños menores de edad han sido instados tácitamente a comenzar a tener relaciones sexuales “gay” en la escuela secundaria por parte de docentes / instructores sin pistas sobre el tema?  De esta manera, nuestros sistemas contribuyen a la esclavización de niños.  (Mayer y McHugh citan evidencias sustanciales que apuntan a la fluidez del deseo sexual tanto en los muchachos como en las muchachas adolescentes.  La AMS no está escrita en piedra, y se puede cambiar fácilmente).

Lo más me preocupa es la Iglesia la cual contribuye a la esclavización de los adultos jóvenes al insistir que Jesús no hace nada por ayudarles a superar la atracción hacia personas del mismo sexo.  Un ejemplo: un joven amigo mío arrepentido de la actividad homosexual en la escuela secundaria luego comenzó a recibir la ayuda que necesitaba para transitar hacia la conexión normal con las mujeres, la perspectiva de la familia, etc.  Recientemente asistió a un curso cristiano de verano para los estudiantes que se preparaban para ir a la universidad.  Allí escuchó a Christopher Yuan, un popular orador sobre la fe cristiana y la homosexualidad, quien según mi amigo testificó débilmente sobre la aparente falta de voluntad por parte de Jesús de transformar a quienes sufren de atracción hacia personas del mismo sexo.

No mejor, y posiblemente peor es el Anglicano Wesley Hill quien aboga por las uniones célibes “gay” comprometidas.  En respuesta al recién consagrado Obispo Chamberlain en Inglaterra quien defiende su Yo gay y a su compañero de vida, Hill escribe lo que él espera oír del nuevo obispo: “Yo estoy en una relación fiel comprometida con otro hombre.  Yo lo amo profundamente y espero pasar el resto de mi vida con él.  No dormimos juntos…  con la esperanza de que así podremos amarnos más profundamente, más verdaderamente y más acorde con la forma en cómo Dios en Cristo nos ha hecho y nos ha redimido a ser”.

¡Qué asco!  ¿Acaso nosotros como Iglesia no estamos llamados a proclamar y facilitar el poder transformador del amor por las personas esclavizadas en el pecado?  Yo insté a mi joven amigo a rechazar todos esos falsos testigos y a correr su carrera.  Ligeramente titubeó, pero recobró su ritmo de caminar cuando recordó cuánto terreno Jesús ya ha ganado en reconciliarlo con quién es él, un hijo del Padre, el hombre del diseño de Dios.  ¡San Pedro Claver, sigue guiándonos!

 

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