Casa > Blog De Andrew > Adviento 1: Despejando el Corazón Saturado

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“Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón

por las preocupaciones de esta vida” (Lc 21:34)


 En la primera semana de Adviento, Jesús se enfoca en la ‘Martha’ que llevamos cada uno de nosotros, llamando a su hermana ‘María’; “Escojan lo que es mejor… ‘¡Estén alerta y vigilen!’ (Mc 13:33) para que yo permanezca con ustedes”.

 No es algo fácil.  Yo estoy de acuerdo con Merton en que vivimos en los tiempos de “no hay espacio”.  Repletamos nuestros corazones con imágenes e ideas más de lo que cualquier persona en su sano juicio podría asimilar.  Terriblemente buenos para intercambiar opiniones en todo el universo virtual, nos saturamos de noticias pero no podemos recabar las buenas noticias.  Como mi hijo pastor recientemente sermoneaba: “No puedo escuchar la voz de Dios mientras navego en Internet”.

Las ansiedades se multiplican y desplazan a lo Único verdadero.  Las pesadillas mundiales nos hipnotizan desde las computadoras que parece que no podemos apagar.  Podemos oler el humo y ver los cuerpos; lo que una vez nos aterrorizaba ahora se convierte en divertido.  Parece que obtenemos un extraño consuelo al conectarnos con las tragedias de los demás.  Sin embargo, lo que desplaza el zumbido de nuestras vidas reales en realidad nos agobia y deja poco espacio para Él.

Desconectadas de la tecnología, nuestras vidas reales necesitan de Jesús hoy más que nunca.  Acabo de releer mis diarios de oración del 2014; apenas pude imaginar las situaciones extremas que enfrenté en mi pequeño cosmos.  A través de todo, Jesús siguió llamándome a través de Su Espíritu: “Mantente libre para mí…  No te apegues a esa aflicción o esa derrota o ese rechazo o esa herejía…  Encomienda cada cosa temible a mí…”  Una y otra vez, el descanso y la paz y el gozo vinieron sólo siguiendo las palabras de Santa Faustina: “Jesús, en Ti confío”.

El enemigo triunfa, no mayormente a través de las injusticias evidentes, sino a través del rugido de muchas pequeñas verdades que desplazan a la única Verdad que sí importa.  Él vino y regresará otra vez.  Los fieles saturados, virtualmente adictos corren el riesgo de desencontrarlo a Él.

 “¿Qué le puedo decir a la multitud de tus pensamientos?  No te esfuerces demasiado en sanar tu propio corazón, ya que tus esfuerzos podrían enfermarlo más…  Mantén a Cristo Crucificado presente a tu imaginación; en tus brazos y en tu pecho, y besando Su costado, di mil veces: “Esta es mi esperanza, la fuente viva de mi felicidad; este es el corazón de mi alma; ¡nada me separará jamás de Su amor!”  San Padre Pio