Casa > Blog De Andrew > Adviento 2: Consuelo y Convicción

“Consuelen, consuelen a mi pueblo… ¡Preparen en el desierto un camino para el Señor!” (Is 40)

 Los fuegos del Adviento nos condenan incluso cuando nos calientan. Su luz resplandece en nuestra oscuridad, y nosotros, sin importar cuán apáticos e indiferentes seamos, no podemos apagar sus llamas (Jn 1: 5). Cuán agradecido estoy por el fuego que expone el pecado a fin de consumirlo.

Isaías nos da una idea de la plenitud del amor del Emmanuel. Él promete una doble dosis de consuelo a cambio de nuestros pecados, luego nos despierta para que nos volvamos proféticos y arrasemos con todo lo que se interponga en el camino de Su Presencia, Su fuego santo. ¡Qué audacia la de Isaías! Él fusiona la imagen de un Padre tierno que restaura a los que están cansados del pecado, con el apasionado Bautista que allana los montes y levanta los valles para hacer un camino de Dios. Jesús es ese Buen Pastor (40: 1-11). Él nos conduce suavemente hacia un bautismo de fuego (Mc 1: 8) a fin de quemar todo lo que resiste al amor en nuestras vidas. Él viene a morar con nosotros, para hacernos tan efusivos y generosos como lo es Él.

El consuelo y la convicción expresan bien la tensión que yo siento durante el Adviento. Que Jesús vino en la historia y nosotros como la Iglesia dediquemos todo un mes para reflexionar sobre Su entrada puede ser la materia de la cual están hechos los sueños: cada uno de nosotros, sin importar cuán devotos seamos, recordamos la bondad de Navidad. Por supuesto nuestras propias historias, editadas con seguridad por el tiempo, pueden adormecernos hacia una falsa paz. El Adviento no nos este descanso. Estas cuatro semanas tratan tanto de gratos recuerdos del pesebre como de Su segunda venida, la cual será tan violenta y contundente como lo escondida y humilde que fue Su primera entrada. El Adviento proclama a la vez: el regocijo, Él ha venido; el arrepentimiento, Él viene pronto. ¿Tú estás listo?

Apaciguado en una falsa paz, un amigo mío despertó un poco cuando le dije que el Adviento trataba sobre el arrepentimiento. Él pensaba que era un conteo regresivo fiestero hasta la Navidad, con un calendario abierto popular… “Se trata de preparar tu corazón para Él, ahora y cuando Él regrese”.

Pensando en mí de forma un tanto noble, me dirigí a casa en mi auto después de aquel encuentro y observé a una mujer afroamericana caminando sola por el lado del camino en un clima de 18 grados. El Espíritu me impulsó: “Devuélvete y dale un aventón”. Mi espíritu se rehusó a sentirse incómodo. Más tarde ese día, Annette expresó cierta necesidad de mí y me puse tenso, resintiendo en silencio un nuevo obstáculo en mi camino.

“Gracias Dios por revelar lo que se resiste el amor. Cuando confesemos nuestros pecados, limpia nuestros corazones y consuélanos con Tu misericordia todopoderosa. Haznos tan efusivos y generosos como Tú lo eres. Que podamos acogerte a Ti y a los demás más plenamente en este Adviento”.

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