Casa > Blog De Andrew > Adviento 3: Belleza robada

“El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí para anunciar buenas nuevas a los pobres, para sanar los corazones heridos, para proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros…” (Is 61: 1, 2)

“Cuando la vida es firme, necesitamos sentir su firmeza; cuando no tiene fundamento, también necesitamos saber esto… La condición necesaria para el cumplimiento del Adviento es la renuncia a las actitudes presuntuosas y los sueños seductores en los cuales construimos nuestros propios mundos imaginarios”. Padre Alfred Delp

Históricamente, nuestro enemigo común ha hecho un trabajo magistral de satanizar a las personas con problemas sexuales y problemas de género, especialmente la homosexualidad, tanto así que ahora compensamos por los daños causados rehusándonos a admitir del todo que existe un problema.

Pensando sólo en nosotros mismos, en realidad les estamos robando a los hombres y a las mujeres la alternativa de la sanación de las cuestiones básicas que se encuentran detrás del deseo desordenado. Satanás ha cambiado sus tácticas y ahora cautiva a la Iglesia con un enfoque débil, no inspirado acerca del quebrantamiento sexual. Jesús ya no sana a los quebrantados de corazón; Él lo confirma como un destino.

Para la Iglesia del siglo XXI, el “nacer de nuevo” en el Espíritu al parecer no es nada ante el “nacer así”.

Nos arriesgamos a perder el poder de la Realidad Encarnada: la verdad de que el Dios que se hizo hombre nos invita a participar de Su naturaleza divina. En nuestra más reciente Capacitación Aguas Vivas, la miembro del equipo Bonnie West hizo esta conexión para nosotros. Debido a que Dios vivió una vida humana real en dependencia de una madre y un padre y tuvo que ascender (como todos debemos) en la escalera del desarrollo para llegar a ser una persona íntegra, Él puede ayudarnos en cada punto de nuestro propio desarrollo. Eso significa que podemos acoger a Aquél que nos puede liberar de lo que ha frustrado nuestra madurez. Él nos libera para que nos convirtamos en quien y en lo que el Padre quiere para nosotros.

Todo el tiempo es presente para Jesús, por lo que Él no se vio impedido cuando cayó la oscuridad; porque Él es Dios, Él no se ve impedido por la profundidad o la magnitud de esa oscuridad. Su divino poder, actuando de manera incisiva en el amor, puede encontrarnos en cualquier punto que dejamos de ser el hombre o la mujer del diseño de Dios. Su Espíritu suave y todopoderoso envuelve a los adultos / niños en peligro y nos persuade para que reanudemos la travesía.

Este Adviento, San Pablo nos implora que “no apaguemos el Espíritu” (1ª Tes 5:19), mientras que Juan el Bautista insiste en que “enderecemos el camino del Señor” que viene a bautizarnos en Su Espíritu (Jn 1: 19-28). Los cuidadores calificados, moviéndose con sensibilidad de acuerdo con el Espíritu de Jesús, pueden impartir una profundidad de sanación a los quebrantados sexuales de una manera que sólo se le puede atribuir a Jesús el Sanador.

Nosotros desafiamos el poder de Su Espíritu, y de la Encarnación misma, presumiendo de las complejidades de nuestras condiciones pecaminosas por encima de Su mano sanadora. Al hacerlo, deshumanizamos a los más vulnerables y sangramos la luz de nuestro Redentor. Robamos la belleza de la criatura y del Creador; sin saberlo cooperamos con un enemigo común que vino “a robar, matar y destruir”. Jesús vino a vendar a los quebrantados de corazón, a liberar a los pobres cautivos, “para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10: 10).

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