Casa > Blog De Andrew > Adviento 4: Ángeles Atemorizantes

scary-angels“Conocer el amor que sobrepasa todo entendimiento puede significar no conocer mucho más”.    Loretta Ross-Gotta

Dios con frecuencia desvía la atención de los fieles con oportunidades aterradoras que nos aplastan o conciben a Cristo en nosotros.

María sabía los problemas que se le vendrían al verlo: un mensajero imponente anuncia su favor, su estado “apartado” (Lc 1: 26-38). Problemas. Dios disciplina a aquéllos que Él ama. Invocando el amor, Gabriel la prepara para una vida de vergüenza y de maravilla, de tristeza y gozo. Ella puede tener a Dios sólo a través de Dios. Lo que Él pide de ella la reduce a sólo Él.

Así es con cada uno de nosotros. ¿Cuál será nuestra respuesta a los ángeles atemorizantes que nos recuerdan nuestro favor mientras nos piden soportar lo imposible? La vida nos hace exigencias que Dios emplea para cambiarnos para siempre. Nuestra respuesta hace toda la diferencia.

El 23 de diciembre de hace 20 años, yo esperaba en el hospital mientras mi padre se sometía a una cirugía de corazón abierto. Extrañamente, escuché que me estaban mandando a llamar por mi nombre en el intercomunicador del hospital. “Seguramente ellos no anunciarían públicamente la muerte de mi padre”, pensé. En verdad, la llamada era de Annette ya de vuelta en casa que exclamaba en estado de pánico: “Jim (un miembro del personal) se ha atrincherado en la habitación de un hotel y amenaza con suicidarse debido a las acusaciones de que abusó sexualmente de un menor de edad…”

Desconcertado, llamé a Jim y le hablé del suicidio, entonces fui interrumpido por el médico de mi padre que me invitó a ver al paciente. Él estaba completamente desorientado, drogado con medicamentos pesados y conectado a una serie de cables de colores. Su estado se correspondía inquietantemente con el mío: “¿Jim? ¿Abuso?” Los pensamientos empeoraron mientras sostenía la mano de papá y escuchaba sus balbuceos. Él se recuperó rápidamente. Los nuestros todavía estaban por comenzar.

En verdad Jim había abusado, no de uno, sino de dos muchachos adolescentes en nuestro ministerio. Nosotros no sabíamos nada, especialmente de ninguna tendencia pedófila en Jim. Para nosotros, él no era más que un administrador fiel y divertido. De la noche a la mañana, él se convirtió en un depredador que había introducido en nuestro ministerio la inmoralidad más tóxica imaginable. Lo despedimos e informamos a la policía.

Comenzó un proceso agonizante de 10 años de depuración: un creciente dolor por el daño hecho a estos dos jóvenes, las demandas civiles y los acuerdos económicos imposibles, innumerables interrogatorios.

Lo más importante, un sabio abogado que creyó en nosotros nos impuso una aguda serie de regulaciones a fin de garantizar que continuáramos libres de abusos.

Otro abogado nos instó a disolver nuestra organización y comenzar de nuevo en otro lugar, con un nuevo nombre. Él razonó que la disolución nos libraría de nuestra obligación para con estos muchachos y sus familias. Dios me habló tan claramente como Gabriel lo hizo con María: “Yo inicié esta obra y le puse un nombre. Desert Stream (Manantial del Desierto) vivirá todo el tiempo que yo lo sostenga”.

Tuvimos que considerar eso. ¿Purgaría Él las aguas contaminadas? ¿Podría Él hacer que los traidores fueran confiables una vez más?

Nosotros dijimos sí a Aquél que disciplina a Sus favorecidos. 20 años después, los problemas nos han hecho mejores portadores de Cristo, un agua más limpia en el desierto.

“Que se haga en nosotros lo que Tú has dicho” (Lc 1:38).

Download PDF