Casa > aguas vivas > Afianzando los Cimientos de un Padre

En oración con nuestro grupo de Cuaresma, vi un asta de bandera ondeando una imagen del Cordero de Dios; con una mirada más cercana, pude ver que su base se había descompuesto hasta el punto que el asta comenzó a oscilar hacia los lados y luego se estrelló contra el suelo, hiriendo a muchos y dispersando a otros.  La semana pasada, volví a tener esta visión de un sacerdote depredador en un funeral parroquial de un hombre de mediana edad, abusado en su adolescencia por un sacerdote, quien se emborrachó hasta morir; su esposa e hijos están luchando duro para no abandonar la Iglesia por completo.

El cimiento defectuoso de un sacerdote daña a todos.  ¿Cuánto más lo hace una falla de atracción al mismo sexo entre los sacerdotes célibes? ¿Cómo se relaciona dicha atracción con el abuso por parte de clérigos? ¿Cómo podemos ayudar mejor a los sacerdotes con este problema fundamental?

Podemos decir que el abuso cometido por clérigos católicos es particular en su contraste con otras instituciones ya que es principalmente un problema masculino.  El escándalo “Spotlight” de Boston y el informe John Jay mencionado anteriormente involucraron al 78-85% de adolescentes varones; un estudio más reciente sobre el abuso por parte de clérigos salió el otoño pasado e incluye el informe del Gran Jurado de Pensilvania del 2018 y la Encuesta de Homosexualidad entre los Sacerdotes realizada por el periódico Los Angeles Times (“¿El Abuso Sexual en el Clero está relacionado con Sacerdotes Homosexuales?”  D. Paul Sullins: sullins@cua.edu, La Universidad Católica de América; publicado por el Ruth Institute, Dra. Jennifer Roback Morse, presidenta).  El estudio descubrió que “el abuso de los niños está muy fuertemente relacionado con la participación de hombres homosexuales en el sacerdocio…  el acceso más fácil a varones entre las víctimas mayores fue un factor habilitante”.

Ahora un descargo de responsabilidad: yo veo la diferencia entre las personas (incluyendo sacerdotes) con atracción al mismo sexo y los hombres que acechan a niños.  La mayoría de hombres con atracción al mismo sexo no tienen antecedentes sexuales con menores de edad.

Sin embargo, la sexualidad masculina adulta de los adolescentes combinada con su vulnerabilidad juvenil puede ser tentadora para algunos hombres, especialmente en una cultura de secreto sobre las propias atracciones y una comunidad de formación casi exclusivamente masculina.  Además, más de unos cuantos sacerdotes católicos fueron abusados siendo adolescentes, una combustión de vergüenza y lujuria que detuvo el desarrollo y puede tentarlos a las repeticiones furtivas.  F. Martel escribe en “En el Closet del Vaticano” que “la cultura de secreto necesaria para mantener la alta prevalencia de la homosexualidad en la Iglesia ha permitido ocultar el abuso y que los depredadores actúen” (pág. 93).

Cimientos defectuosos.  Agréguenle a esto cómo el requerimiento de celibato en el sacerdocio le otorga a uno un aparente “pase” del hecho de considerar directamente los deseos conflictivos.  No se necesita tener una mujer; no se necesita trabajar quién es uno en una relación con ella.  Yo he sido testigo de muchas personas con atracción al mismo sexo que asumen un “llamado” al celibato en vez de un mandato para profundizar en el significado de sus deseos —una invitación a un arrepentimiento más pleno hacia la madurez espiritual y la integración sexual.

Mi amigo Jim —un candidato de 6 años para el sacerdocio— nunca pensó que él podría ser más que un célibe en abstención de la atracción al mismo sexo.  Él entonces consideró: “¿cómo puedo auténticamente dejar de ser un padre natural si nunca he anhelado tener una esposa y una familia?” A través de una comunidad sanadora, él está descubriendo quién es él en relación con la mujer para así poder decidir con un corazón suficientemente íntegro si Dios está llamándolo a la paternidad natural o espiritual.

El punto debe ser claro: cualquier sacerdote que busque un cimiento seguro sobre el cual ser un padre espiritual tanto para hombres como para mujeres necesita desarrollar su vida como hombre sexual a la luz de Jesús y Su comunidad sanadora.  Eso significa conocerse a sí mismo, crecer en seguridad y pureza como hombre a través de la conexión con otros hombres, y aprender el buen ritmo de su necesidad por el don de la mujer.  El crecimiento claro y consistente en la integración nunca ha sido más esencial para el sacerdocio y para la integridad de la Iglesia de Jesús y Sus hijos.

En medio de todo esto, yo tengo grandes esperanzas por los hombres con atracción al mismo sexo que aman a Jesús y que están comprometidos a la integración junto con otros que están igualmente comprometidos a dominar sus idolatrías tradicionales (generalmente la adicción a la pornografía).  Yo recomiendo altamente el documento de los Dres. Kleponis y Fitzgibbons titulado “La Distinción entre las Tendencias Homosexuales Profundamente Arraigadas y las Atracciones Transitorias al Mismo Sexo en Candidatos para el Seminario y la Vida Religiosa”.  Descarguen este documento más importante, ya que éste destaca lo que yo he descubierto después de 40 años de ministerio pastoral en esta área: que la persona, no la profundidad de su problema moral, determina su destino.

Los hombres que viven a la luz de la verdad —que Dios ni los creó “gays” ni los dotó con deseos que no pueden ser dominados con cuidado incisivo y comunidad— pueden hacer la “transición” a los padres del diseño de Dios.  Por otro lado, los sacerdotes católicos que insisten en que son “gays”, que no hay nada que sanar y que buscan reforzar sus naturalezas raras con otros con ideas afines son los “profundamente arraigados” —influencias tóxicas que empañan el camino hacia la santidad y hacen un camino torcido para las generaciones venideras. 

Así que oramos:

1.  Para que se termine la cultura de secreto en toda la formación sacerdotal y religiosa, para que los candidatos puedan tener accesos a recursos legítimos y misericordiosos para trabajar los deseos desordenados, la formación de identidad de género, los traumas de la niñez y las adicciones sexuales.

2.  Para que haya un compromiso concienzudo de ayudar a los seminaristas a garantizar que se conviertan en expresiones maduras de su don sexual y no huyan de los conflictos sexuales.

3.  Esperanza para que los sacerdotes superen la homosexualidad a través del arrepentimiento persistente y encaminarse al cuidado experto de Jesús y la comunidad; amonestación y disciplina a los padres que aboguen por el “Yo” LGBT e invoquen la autoridad de la Iglesia para hacerlo.

Que no protejamos los cimientos de ningún sacerdote edificado sobre la arena.  Sin embargo, en oración honramos y pedimos protección a aquellos padres que en la debilidad se han rendido a la Roca.  ¡Que sus banderas puedan ondear por mucho tiempo, erguidas y verdaderas!

Download PDF

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*