Casa > aguas vivas > Amor Generoso y Celoso

“No te rindas a los sentimientos de culpa que te asaltan porque no estás a la altura del ideal que te has propuesto.  No te pido que seas fiel a un ideal.  Sólo te pido que seas Mi amigo y que vivas en el mismo momento en la gracia de Mi amistad divina”.  In Sinu Jesu

El envejecer no me está haciendo mejor.  Naturalmente siento más indignación y menos misericordia por las atrocidades morales que me rodean.  Y que proliferan cada mes de junio, el Mes del Orgullo LGBT+.  Algunas son tontas, como el anuncio que recibí de mi aerolínea: “Todas las rutas conducen al amor en United Airlines: Sigue tu corazón y viaja a la Marcha del Orgullo —toma asiento para un especial almuerzo de drag queen con los empleados de United después del desfile “gay” a lo largo sus grandes centros urbanos.  Más grave es la Ley Federal de Igualdad de este año que pasó a través de la Cámara de Representantes en camino al Senado y básicamente revisa nuestro marco federal de derechos civiles al convertir a los imitadores de mujeres y similares en una “clase” protegida al mismo nivel con las características inmutables e involuntarias como el género de nacimiento, edad y raza.

Todas estas falsas justicias invocan el amor como su fuerza motriz.  ¿Pero el amor no tiene que responder a la realidad, es decir, a la verdad de quién y qué son las personas?  El amor debe responder esta pregunta: ¿estoy buscando auténticamente el bien de la otra persona?  Si lo estoy, entonces no puedo negar el diseño humano de la otra persona y al Diseñador quien le creó a él/ella a Su imagen y quien eligió revelar algo de Sí mismo en la personalidad masculina o femenina de esa persona.  Si estoy de acuerdo con la identificación errónea de la otra persona, en realidad no le estoy amando bien a ella/él, sino confirmando una falsedad.  Estoy de acuerdo en deformar eso, incluso si esa persona odia mi desacuerdo con él o ella.

Dios es amor; Su mirada amorosa es siempre verdadera.  Pero francamente, mi vista se está convirtiendo en un estrabismo.  Yo puedo buscar el bien del otro con mucha persistencia.  Así que he estado pasando un tiempo leyendo el libro de Santiago donde se arrepiente y se encamina al corazón de Dios por aquéllos a quienes Él ama que han sido engañados por uno de los mayores delirios de nuestros días.  Cuando lo busqué a Él, encontré este versículo que nunca antes había visto: “¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros?” (Santiago 4: 5).

¿Qué? ¿Tú me anhelas, oh Dios? ¿En realidad estás muy celoso de que permanezca en quietud y acoja Tu amor? ¿Es ese el anhelo de Tu corazón, un dolor divino que sólo puede satisfacerse si abro mi corazón a Ti lo mejor que puedo?  ¿Todo lo que Tú quieres de mí es que yo sea amado por Ti?  De repente me di cuenta de que no tenía que orar con cansancio por la actitud, las palabras o los “sentimientos” correctos de amor por los amigos LGBT+.  Más bien, necesitaba correr hacia el corazón misericordioso de Jesús y ser amado.  Sólo allí hay amor generoso, un amor dirigido a lo más profundo de mí.  Así que me he estado posicionando ante este Jesús que se desborda de amor por mí.   

Sólo el amor divino puede llenar los vacíos en los que se ha hundido la verdad.  Ésta se levantará de nuevo cuando la Misericordia vuelva a llenar mis cimientos.

La verdad debe surgir.  El Mes del Orgullo la provoca.  Que nuestra auténtica visión y amor por los quebrantados fluyan a partir de la íntima comunión con el Dios quien nos creó y quien anhela convertirnos.  Él lo hace uniéndonos a Sí mismo en un vínculo de amor dolorosamente tierno, a través del “Espíritu que nos anhela celosamente”.  Que podamos buscar a los demás con una ternura similar que duele solo por su bien.

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