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Un reconocido director desprecia los vastos paisajes en sus películas: “La humanidad se revela a sí misma sólo en espacios estrechos”, reflexionó.  Apliquen eso a un mes en cuarentena y él tiene razón: los adictos que apenas se recuperan rodean sus canales, el temblor levemente ansioso por la paranoia, las personas tristes se desvanecen, los fiesteros se estrellan y los observadores compulsivos sin una pizca de fe realizan exorcismos en el vacilante Internet (aparentemente Satanás está aliado con la mayoría de los proveedores).

La Pascua es oportuna este año.  Jesús aparece en tiempo real —nuestro tiempo— y nos salva de nosotros mismos.  Él puede unirse a nosotros para el desayuno; Él atraviesa hábilmente las paredes en pequeñas reuniones tensas y trae vida, esperanza, luz.  La enfermedad y la muerte no tienen la última palabra.  Él la tiene; Él es la Palabra de vida, inagotable al intercambiar nuestros pequeños escándalos por Su misericordia que hace nuevas todas las cosas. 

Sí.  En este Tiempo de Pascua cansado de peste, el clamor pidiendo misericordia es el mejor boleto para el levantamiento gratuito.  Encabezando.  Después de todo, San Pablo exhorta a todos los que dicen ser cristianos: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba” (Col. 3: 1).  Bueno, bueno.  Necesitamos ayuda para ascender.  Clamen pidiendo misericordia.  Resuciten con Él.

Nosotros en el personal del Ministerio Desert Stream estamos en un ciclo de oración de 9 días que conduce a este próximo Domingo de la Divina Misericordia.  Una semana después del Domingo de Pascua, la Iglesia aparta este día como una oportunidad exuberante para que cada persona en el planeta se abra al Agua Viva, “la sangre y el agua que brota del corazón del Salvador como fuente de misericordia para TI…”  

Santa Faustina recibió esa pequeña oración y nosotros como ministerio oramos con ésta todo el tiempo (en el contexto de una más grande llamada la Coronilla de la Divina Misericordia —descárgala aquí).  Una monja polaca sin educación, recién salida de su adolescencia en la década de 1930, ella obedeció la revelación de Jesús de que Su misericordia podría alterar el curso del mundo entero.  En vez de juicio, Jesús quiere sumergir a los rebeldes en el torrente sanador que emana de Su corazón.  Ella soportó el ariete del infierno mismo por amor de la misericordia y ahora la Divina Misericordia es honrada en toda la Iglesia en el mundo.

Ella escribió cosas concisas como “la miseria del pecado invita a la profundidad de Su misericordia”, siempre puntuada por la frase “Jesús, confío en Ti”’.  Anoche, sacudido por las preocupaciones financieras y morales y relacionadas con el ministerio, yo clamé pidiendo misericordia y luego lo sellé: “Jesús, en Ti confío…”

Me desperté renovado, totalmente de acuerdo con el salmista: “No me entregaste al enemigo, sino que me pusiste en lugar espacioso” (Sal. 31: 8).       

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