Casa > aguas vivas > Anclado 7

La autoridad surge de la intimidad.  Y la intimidad es acerca de pasar tiempo con la persona amada, los amantes que permanecen juntos hasta…

¿Quién sabe? ¿Cuánto tiempo durará el confinamiento? ¿Hasta la próxima semana? ¿El próximo mes? ¿Cuándo el bullicio de lo “normal” nos acosará a una acción frenética y atenuará nuestro ardor por Él?

Yo no me siento inclinado a apresurarme en estos días, el Amor me aquieta y me tranquiliza.  Más profunda que la necesidad humana, sin duda provocada por ella, mi hambre acoge a Jesús.  Él captura el dolor y lo envuelve.  Él es mi deseo, el Único quien sostiene mi mirada y alivia mi comprensión de los objetos de menor importancia.

No tengo vuelos de avión por tomar, ni plazos de madrugada que me agotan antes del desayuno.  Me despierto en la oscuridad, descansado y expectante, listo para el Amor.  Enciendo candelas en el “altar” de mi familia.  Cuerpos celestiales me llaman —José protegiendo a María e Hijo, San Juan Pablo II orando para que todos conciban una nueva vida en Jesús, luego el Hombre Mismo, Su cuerpo abierto (imaginado por San Francisco y Santa Faustina) liberando una vez más ese caudal de Vida.  Sólo Su don culminante puede limpiarme y restaurarme.

Yo permanezco allí un par de horas hasta el amanecer.  Como perdido en el Amor.  Sé que nadie me ama como Él lo hace, pero tiendo a perder esa gracia al limitar el amor a unos cuantos minutos, a menudo dedicados a devociones verbales.  Hecho, casilla marcada.  No es la forma de vivir en el amor; cualquier persona casada hace mucho tiempo te lo dirá.  ¿Por qué tratamos a Jesús peor que a un cónyuge sufriente?

¿Cambiará el camino cuando se derrumben los muros del mundo?  Espero que no.  Tal vez proceda como si me amaran, sin tropezar con los escombros que me ridiculizan.  Tal vez.  Ser fuerte es estar enamorado, vencido en las vigilias de la noche.

Cierro con la letra de una canción sencilla — “Acércame a Ti”— una que canto constantemente, en voz baja, a Jesús:

“Acércame a Ti, nunca me dejes ir.  Todo lo depongo de nuevo, para escucharte decir que soy tu amigo.  Tú eres mi deseo; nadie más lo hará.  Porque nada más podría ocupar Tu lugar, sentir el calor de Tu abrazo.  Ayúdame a encontrar un camino, llévame de regreso a Ti”.   

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