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He Aquí el Cordero 2: Domesticando al León – 

Sí, Jesús es a la vez León y Cordero, nuestro Todopoderoso Creador y Redentor que se rindió a nuestro pecado y a su consecuencia de muerte.  El León se convirtió en el Cordero.

Sin embargo, Su sacrificio tiene poco sentido si no comprendemos quién es Él como León.  Las imágenes literarias ayudan.  En sus libros “para niños” sobre Narnia, C.S. Lewis nos cuenta acerca del Dios que ruge con amor más que un montón de tomos filosóficos.  Allí descubrimos a Aslan quien siempre es bueno pero no seguro, el Dios que nunca nos hace daño pero que permite que nos hiramos para nos volvamos íntegros.  Lewis nos da un Rey León con garras que nos defiende pero elude nuestra comprensión cómoda y controladora de Él.  Su amor completamente masculino está dotado de poder para conquistarnos; cuando Él muere para comprometerse con nosotros, Él ordena una elección: ¿nos comprometeremos nosotros con Él?

En resumen, Aslan es un personaje apasionante.  Él hace más que personificar una muerte sacrificial.  Él se convierte en Aquél por el que vale la pena morir.  ¿Por qué entonces nuestras imágenes de Dios son tan triviales, tan aburridas, tan dimensionales como las tarjetas perfectas de los santos?

La amiga de Lewis, Dorothy Sayers, escribe: “Entonces ése es el esbozo de la historia oficial —la historia de que Dios era el desamparado y derrotado…  se convirtió en un hombre como los hombres que Él creó, y estos hombres lo quebrantaron y lo mataron.  Éste es el dogma que encontramos tan aburrido —este drama aterrador del cual Dios es a la vez víctima y héroe…  Si esto es aburrido, entonces ¿qué, en el nombre de Dios, es digno de ser llamado apasionante?  Las personas que crucificaron a Jesús nunca lo acusaron de ser aburrido; ellos lo consideraban demasiado dinámico para ser seguro.  Ha quedado para las generaciones posteriores amortiguar esa personalidad devastadora y rodearlo de una atmósfera de tedio.  Nosotros hemos cortado muy eficientemente las garras del León de Judá, lo hemos declarado manso y suave, y lo hemos recomendado como una mascota doméstica apropiada para párrocos pálidos y ancianas piadosas”.

Como católico desde hace 7 años, yo debo confesar que mi mayor dolor con la Iglesia histórica es que muchos de los que me rodean parecen muertos a su propia herencia.  Que procesamos aburridamente para deleitarnos por el León que se convirtió en el Cordero para ganarnos, sin derramar lágrimas ni saltar de alegría, me sorprende.  Yo quiero clamar: ¡ÉL está aquí! ¡ÉL te quiere!  Tú no necesitas alimentarte de basura; ¡ALIMÉNTATE DE DIOS!

O quizás muchos de mis hermanos nunca han estado vivos para Él.  Sí, tal vez sean conscientes de su tradición familiar, o de una vaga paz en participar en el ritual conocido.  ¡Pero nunca realmente han llegado a conocerlo!  Yo recuerdo a mi amigo, el hijo de un famoso sanador católico, que me contó por qué se convirtió en evangélico: “Yo crecí siendo católico pero no tenía ni idea de quién era Jesús.  Yo necesité a un Bautista para que me aclarara de qué se trataba la Cruz”.  Otro católico de ‘cuna’: “Yo siempre aprecié los sacramentos, pero los entendí sólo a la luz del Amor, la verdad de que Jesús murió y resucitó para tener una relación personal conmigo”.

El Arzobispo Vigneron de Detroit escribe en su espléndida carta pastoral Desatar el Evangelio: “El mensaje central del Evangelio sólo puede ser proclamado eficazmente por un testigo de primera mano, alguien quien ha tenido un encuentro personal con el Señor y puede hablar de lo que Él está haciendo en su vida”.  Necesitamos “una apertura radical a la dirección del Espíritu Santo” si queremos “invitar a toda persona a la plenitud de la vida que se encuentra solo en Jesucristo”.

Entonces nos arrepentimos en nombre de nuestras iglesias que afirman reunirse alrededor de Aquél pero que a menudo no encienden el fuego de Jesús en nuestros corazones.

“Perdón Dios por ocultarte a Ti en nuestras abstracciones y cortar Tus garras.  En nuestra torpeza te hemos ocultado de aquéllos que perecerán sin Ti.  Perdónanos por contribuir a una Iglesia impecable para los complacientes más que un lugar de encuentro emocionante y desarreglado entre los pecadores y el León quien se convirtió en un Cordero para conquistarnos.  Te pedimos misericordia para perdonar a los ‘rostros’ de la iglesia que no lograron darte a conocer; enciéndenos con fuego con Tu amor ardiente.  Que no perdamos el tiempo lamentándonos de los ‘errores’ de nuestra iglesia cuando Tú nos has encendido para que seamos ministros de Tu amor infalible”.

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