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He Aquí el Cordero 4: Refinando a los Padres –

Dios siempre honra Su Palabra y sacramentos incluso si Sus siervos actúan deshonrosamente.  Por ejemplo, yo una vez tuve un pastor cuya predicación estelar (algunas de sus palabras-imágenes aún me iluminan sobre verdades complejas) coexistió con un rastro de seducciones confusas que él inició con mujeres en nuestra congregación.  La Palabra de Dios prevaleció (a través de nuestros esfuerzos y una larga espera) —él finalmente fue disciplinado— pero hasta entonces la congregación respiró aire tóxico.  Dios sostiene a los fieles, pero las ovejas aún sufren de pastores ruines.  ¿Cuánto mejor para los padres de la fe prepararse para el liderazgo a través de la espléndida y humillante tarea de volverse castos?

Aquí está el problema.  Debido a los escándalos de abuso sexual en la Iglesia Católica, en la cual diócesis enteras han sido doblegadas por los acuerdos multimillonarios para las víctimas, la Iglesia ahora es muy cautelosa de cualquier vulnerabilidad sexual en sus sacerdotes y religiosos.  En el ámbito sexual, evitar litigios parece ser el mayor objetivo de la Iglesia; ella titubea en el trato directo y compasivo con sus padres y madres que realmente necesitan ayuda para volverse castos.  “Solo sé casto, que te des mala fama”, nos transmite hoy.

Para citar erróneamente a Simone DeBeauvoir: “No hemos nacido castos, nos convertimos en eso”.  ¿De qué otro modo crecemos y nos convertimos en hombres y mujeres integrados a menos que vengamos a la Luz con nuestros delitos menores antes de que éstos se conviertan en delitos graves?  ¿Cuántos sacerdotes y trabajadores diocesanos conozco que caen regularmente en ciclos de masturbación/pornografía, hábitos nacidos de la desintegración que los mantienen desintegrados, coartados por la vergüenza y heridos en su autoentrega?  Habiendo pecado débilmente, ¿tiene cada uno la responsabilidad de acercarse valientemente al trono de la gracia? ¡Por supuesto!

Pero eso requiere de un contexto para los líderes de la iglesia, especialmente aquéllos que siempre manejan las confesiones de otras personas.  ¿La Iglesia proporciona relaciones claras, misericordiosas, poderosas y efectivas a través de las cuales estas personas pueden romper con el miedo y el silencio y acelerar el camino hacia el autodominio y la integración de género?  La Iglesia de Hoy, aunque es clara en cuanto al requisito de la castidad sacerdotal, no invita a la mayoría de los sacerdotes a entrar al complicado proceso de volverse casto.  En parte debido al lío litigioso en el que se encuentra.  Casi puedo garantizarte que la mayoría de los sacerdotes no tomará un curso de seminario sobre integración sexual este año.

Eso es como mínimo ser corto de vista.  El fallar en proporcionar medidas preventivas acertadas para sus débiles sirvientes predispone a la Iglesia a nuevos escándalos y revela una expectativa irreal y poco amorosa hacia ellos.  ¡Todos, especialmente sus santos, están sexualmente quebrantados!  La lujuria en sus innumerables formas nos toca a todos.  Así que nosotros debemos, como Iglesia, proporcionar oportunidades de vida real para que los líderes en formación se formen correctamente en el ámbito sexual, sin temor a ser enterrados por estar quebrantados.  Es mejor desmoronarse en los grupos de los santos que quebrantar a otro a través de la lujuria.

Mi esposa Annette tiene razón.  Ella afirma que “la mejor preparación para el ministerio radica en el discipulado: personas que se reúnen el tiempo suficiente con santos seguros y poderosos para conocerse honestamente en sus profundidades sexuales y relacionales, y ser conocidos por Jesús a través de estos miembros de Cristo”.

Al principio pensé que ella estaba exagerando su caso.  No lo estaba haciendo.  Nosotros, como Iglesia, debemos garantizar que nuestros “Padres” no caminen solos.  Hemos visto lo que sucede cuando lo hacen.  Los padres y futuros padres necesitan especialmente refinar el amor.  Tráelo a Dios.

“Haz que Tu Iglesia sea sabia, tierna y fuerte hacia sus siervos.  Ayúdala a amarlos como una buena madre y un buen padre, sólo que mejor.  Revela Tu ternura todopoderosa a las hijas e hijos mayores pródigos, oh Dios; dales una oportunidad de luchar para purificarse y volverse íntegros.  Tú sólo puedes amarnos si nos exponemos al amor.  Haz que Tu Iglesia sea un lugar donde podamos venir quebrantados, con valentía”.

 

 

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