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He Aquí el Cordero 5: Libertad y Pérdida –

Un joven sacerdote católico que participó en una reciente Capacitación Aguas Vivas se compenetró mucho con nuestro grupo mayormente evangélico; algunas veces fue duramente confrontado por quienes se le presentaron como “personas que se hicieron cristianas después de abandonar la Iglesia Católica”.  Ay, ay, ay.

Lo que ellos quisieron decir, creo, fue que encontraron un puente personal “enérgico” hacia Jesús en uno de muchos encuentros donde su dolor de joven adulto por Él fue saciado por una espiritualidad más dinámica de la que ellos experimentaron siendo niños católicos.

Hermoso.  Pero también costoso.  En este 500 aniversario de la Reforma, en el que celebramos la libertad de cambiar y cambiar nuevamente nuestro enfoque de cómo nos congregamos como cristianos y por qué, puede ser sabio, incluso sanador, considerar el aspecto negativo de “iniciar tus propios” movimientos eclesiales.  (¿Alguna vez olvidaremos la película de Robert Duvall “El Apóstol” en la cual él se ordenó a sí mismo mediante la imposición de sus propias manos?)  No me malinterpreten.  Yo valoro muchos de los botes salvavidas lanzados desde el barco agujereado en que se había convertido la Iglesia Católica para el siglo XVI.  Pero yo también soy testigo de las fisuras de la “reforma” que continúan extendiéndose, resquebrajamientos que quebrantan a las personas que concluyen en su confusión: “Yo no necesito para nada congregarme”.

Un ejemplo pueden ser los líderes de iglesia que insisten en una faceta particular del Evangelio basada en su “liderazgo”, a menudo en respuesta a lo que no les gustó en su iglesia / movimiento anterior.  Eso puede dar lugar a dos males: la malformación de los santos debido a un Evangelio tergiversado y también un rechazo involuntario de los miembros que no pueden alinearse o no se alinean con el énfasis particular del líder visionario.  Una colega mía con ciertos conflictos de identidad no tuvo más remedio que abandonar un movimiento evangelístico efectivo porque su pastor le aseguró que la iglesia no invertiría en la sanación de su alma o la de otra persona.

Relacionado pero peor son los pastores que caen en un grave error y, habiendo creado un sistema de ancianos impotentes en el que prácticamente no se ejerce ningún control sobre ellos, perpetúan sus errores.  Eso incluye (pero no se limita a) iglesias que bendicen las inmoralidades sexuales, incluyendo las libertades LGBT+; eso también puede relacionarse con una diversidad de iglesias de “hipergracia” que se niegan a dar formación a los miembros para evitar el “legalismo”.

Más peligrosos aún son los líderes “guiados por el Espíritu” que agregan “así dice el Señor” a sus desacuerdos con las personas.  En vez de resolver los conflictos de manera racional y relacional, estos pastores resuelven el conflicto mediante el hecho de que las ovejas aguantan o se callan.  Un subconjunto trágico aquí son los pastores que ocultan la lujuria en el “amor” y usan el poder espiritual para seducir.  Estos lobos hacen rabiar a las ovejas y merecen la piedra de molino que Jesús reserva para ellos (Lc 17: 1, 2).

Por último, noto algunas pérdidas y límites a las iglesias fundadas en la vitalidad de los adultos jóvenes: esa temporada posterior a la escuela secundaria en la cual las personas están más inclinadas a establecer una identidad fundada en Jesucristo.  ¡Muchos de estos encuentros son gloriosos!  Sin embargo, uno no permanece como adulto joven para siempre, y cuando esa temporada pasa, estas personas pueden madurar y abandonar completamente la “iglesia” y determinar que nada más servirá, especialmente las iglesias relativamente aburridas de su juventud previa al reavivamiento.  Los mayores que invierten aquí pueden encontrarse al lado del punto.  Una sierva calmada que conozco trabajó incansablemente en una iglesia muy “joven” durante 20 años y luego comenzó a darse cuenta de que a nadie se interesaba mucho por ella.  Ella se fue y nadie lo notó.  Ahora ella lucha para involucrarse con cualquier iglesia.

Ese es el problema y la oportunidad.  Necesitamos del cuerpo.  Necesitamos sanación cuando nuestras iglesias nos decepcionan.  Y tenemos opciones.  Podemos perdonarla, debemos perdonarla, o una parte de nosotros muere.  Nosotros somos el cuerpo, y estar en desacuerdo con cualquier parte de ella es estar divididos en nosotros mismos.

En esta Cuaresma, te imploro que perdones esa parte del cuerpo que te hirió.  Jesús recibió el golpe en el Calvario por nada menos.  Si tú extiendes a esa parte la misericordia que has recibido (¡eso no significa que estés de acuerdo con ella!), tú haces tu parte para sanarte a ti mismo y a Su hermosa novia quebrantada.  Entonces yo te insto a que ejerzas tu libertad para discernir dónde estás para tomar tu lugar una vez más.  No podemos decir que lo amamos a Él sin permanecer con ellos.  De nuevo.

“Jesús, de acuerdo con Tu Palabra, confesamos que nos hemos vuelto como ‘aquéllos que han dejado de congregarse juntos’.  Más bien, te pedimos misericordia para extenderla a quienes nos hirieron en la iglesia y el poder una vez más para ‘preocuparnos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras… y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca’ (Heb 10: 24, 25), el Día de Tu regreso por una gloriosa Iglesia”.

 

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