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“Vivir auténticamente la Navidad es nacer de nuevo con ese pequeño bebé quien nos habla constantemente del amor infinito, fiel e incondicional de Dios; quien está apasionadamente enamorado de Sus creaturas, aquellas por las que Él no duda en entregarse a Sí mismo”.

Madre Elvira Petrozzi

El Bebé arde por nosotros en Belén para ponernos en acción.  Las agradables reflexiones sobre la Encarnación deben convertirse en movimiento.  Él es incendiario e insistente, no dispuesto a sólo calentar nuestros instintos “religiosos”.  Él vino a encender antorchas humanas que arden y proyectan Su luz hacia rincones desagradables.  Él nos incita a iluminar Su mundo.

Por supuesto, nosotros las antorchas debemos estar en buena forma.  Como una chimenea, necesitamos estar limpios de restos, nuestro núcleo sólido como una roca para irradiar calor de una manera vivificante.  Él nos refina a través de la prueba —tentaciones reales que exponen la lealtad de nuestro corazón.  Él quiere una devoción indivisa, y el que abra una puerta a otros dioses sufrirá graves quemaduras.  Así que soldamos y sellamos las fisuras en el fuego de Su amoroso amor; aseguramos el fundamento de nuestra adoración.

¡Entonces nos alegramos! ¡Damos a conocer con alegría las maravillas de lo que Él ha hecho! Yo estoy más inclinado que nunca a aterrizar mi fatigada “antorcha” por quien sea (ayudante de mozo u obispo, una audiencia de 2 ó 2000) y simplemente ardo por unos minutos con una palabra de mi testimonio oportuna y dirigida.  No puedo evitarlo.  Estoy aceitado con la Sangre y cuando Su Espíritu me enciende, yo ardo.  Me encanta hacer esto especialmente junto a amigos que comparten la misma gratitud por lo que Jesús ha hecho, está haciendo y lo que Él hará en ellos, con la expectativa de que Él terminará la obra maestra en cuestión.

Me encantan las palabras de Evelyn Underhill sobre la “Epifanía”, o exhibición del niño Jesús, generalmente asociada con los magos pero lograda a través de nuestras vidas incendiarias: “El nacimiento de Cristo en nuestras almas tiene un propósito más allá de nosotros mismos; es porque Su manifestación en el mundo debe ser a través de nosotros.  Todo cristiano…  irradiará la resplandeciente epifanía de Dios, captará y reflejará Su Luz dorada.  Tú eres la luz del mundo —pero sólo porque estás encendido, hecho radiante por la Luz del Mundo”. 

Nosotros ardemos con gozo.  Dos momentos importantes del 2020: la danza estalló en nuestras Capacitaciones Aguas Vivas después de que renunciamos al espíritu de desesperación y nos encomendamos a Su plena voluntad para con nuestras vidas.  Todas las edades y tamaños nos lanzamos a bailar al centro del salón como hijos agradecidos y el gozo surgió entre nosotros.  Como dijo Abbey: “Es grandioso que nadie realmente es un bailarín aquí”.  La nuestra es una pista de baile nivelada.  Simplemente no podemos contener nuestro gozo —nuestros cuerpos insisten en arder y rebotar a la luz de Su amor por nosotros.  En palabras de Pierre de Chardin: “El gozo es la señal más infalible de la presencia de Dios”.  Nos sacudimos la introspección indebida y brillamos.

Nuestro mensaje es claro.  Jesús vino a desplazar la soledad y la lujuria y las soluciones mundanas; Él nos enciende para dignificar a otros con Su vida y luz.  Su humanidad divinizada hace que la nuestra también sea divina.  Vivimos para arder e iluminar la noche.

“Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Lc. 2:38).

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