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Arrepentimiento Glorioso – 

“Juan vino predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.  Toda la gente de Jerusalén acudía a él, confesando sus pecados…” (Mc 1: 4, 5)

Yo fui a Tailandia la segunda semana de Adviento para arrepentirme.  De nuevo.  Fortalecido por nuestro ayuno de 40 días, yo les dije a todas las personas que me encontré en el camino que yo necesitaba comenzar el Año Eclesial con Cristianos como mi amiga Sue, quienes tienen que luchar por su fe.  Nosotros los estadounidenses estamos demasiado bien alimentados.  Somos como gatos gordos, aburridos y apáticos que apenas pueden espantar ratas conocidas, por decirlo así.

Por otro lado, los tailandeses enfrentan la triple amenaza de la inmoralidad sexual arraigada, la pasividad amortiguadora del Budismo, y la cultura del “rostro salvador” que sonríe ante una multitud de pecados.  Estos pecados amenazan la integridad de la Iglesia tailandesa; los pedófilos y los adúlteros se ocultan entre los pliegues de sus pésimas vestimentas religiosas.  Tolerar el pecado grave puede hacer que la Iglesia aquí sea pequeña, ineficaz y propensa a la destrucción.

Pero mi amiga Sue lo sabe mejor.  Sin ser ella misma una persona ajena al pecado, ella es una mejor amiga del arrepentimiento.  Un pariente mayor envenenó el corazón de Sue durante la mayor parte de su infancia a través del abuso sexual.  Ella lo sobrellevó odiando su feminidad mientras buscaba consuelo en las mujeres y en el Budismo tailandés, una búsqueda de la nada.  Oscuro y más oscuro.

Jesús buscó a Sue a través de muchos mensajeros llenos del Espíritu.  Él le dio la gracia para arrepentirse y vivir día a día a la luz de Su verdadero amor.  Ella ahora vive apasionadamente para recuperar el tesoro humano que estaba sumido en la oscuridad del pecado en Tailandia.

Estos tesoros están entre los más gloriosos que yo conozco.  Su testimonio de vivir plenamente y sin reservas por Jesús avergüenza mi corazón dividido y me invita a morir de nuevo.  Éstos revelan mis pequeñas preocupaciones y compromisos y luego me llevan al arrepentimiento.

Los santos que componen el ejército sanador de Sue tienen que luchar por la libertad.  Ellos pagan un enorme precio por destapar una serie de abusos (muchos relacionados con la iglesia); ellos deben arrepentirse una y otra vez hasta superar los patrones de adulterio de toda la vida.  En el proceso, éstos destruyen una cultura de vergüenza decididamente no cristiana yendo con valentía al trono de la gracia para confesar y vencer las venas del pecado que han oscurecido las líneas familiares durante generaciones.  La elección se vuelve clara: vivir para Jesús o para los dioses paganos.  Elige este día a quién servirás (Josué 24:15).

Ellos son gemas brillantes de la redención de Jesús.  Su camino hacia adelante es nada menos que la Cruz realizada a través de la confesión y el arrepentimiento a Jesús y de los unos a los otros.  El llamado debe ser verdadero y directo, como el propio Juan Bautista; cualquier cosa menos no romperá con el poder del pecado.  Dicho arrepentimiento anuncia la Luz que se eleva sobre estas personas gloriosamente.

Mientras sobrevolaba la región donde Sue ministra cerca de la frontera con Laos, noté que el paisaje se tornaba de color más café y seco.  Los depósitos de agua se hacían menos.  Pero los pocos que quedaron atrapaban la Luz con un brillo que me hizo jadear.  Mi corazón saltó ante la vista porque éste capturó por completo la verdad de mi familia tailandesa: la Luz brilla en la oscuridad y supera esa oscuridad (Jn 1: 5) a través de un pueblo arrepentido.  Yo quiero estar entre ellos.  El grupo de santos sanadores proféticos de Sue me ayuda a arrepentirme.  De nuevo.

“Entonces se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad” (Is 40: 5)

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