Casa > aguas vivas > Bautizando la Esterilidad

Abbey Foard

El Señor habita en espacios humildes y áridos.  Su sola presencia los santifica.  El pasto de un pastor se convierte en un punto de contacto para la relación divina.  Un útero terrenal se convierte en la morada del Dios Altísimo.  Mi propia alma cansada y errante puede mostrar esplendor, si tan sólo me entrego a Aquél que anhela encontrarme allí.

En Lucas 1, el ángel Gabriel visita a María para darle la noticia de que ella será una “casa” para Dios.  María, un hogar…  un lugar de descanso para…  ¿Dios? ¡Qué asombro y maravilla!

A María le dicen que su prima Isabel también se ha convertido en una morada.  Ella dará a luz a Juan, a quien Jesús llamó el “más grande de los hombres nacidos de mujer” (Lucas 7:28).  Estos vientres, abiertos y virginales, se convierten en moradas —templos— de estas vidas marcadas.

Siglos antes, David clamó al Señor, lamentó que la morada terrenal del Señor fuera modesta y humilde.  David lamentó que él, un rey terrenal, viviera en un palacio de cedro mientras el arca de Dios estaba en una tienda.

Pero el Dios del universo no se siente disminuido por las moradas humildes.  A través del profeta Natán, Dios le recordó a David que a lo largo de sus años humildes como pastor y hombre huyendo por su vida, Dios fue el que “persiguió a David en los pastos” y que “iba con David a dondequiera que él iba, aniquilando a sus enemigos delante de él” (2ª Samuel 7: 8-9).  Dios lo buscó en su desierto.  Dios nos persigue en la esterilidad.

Al leer las palabras de Lucas 1 este año, la frase sobre Isabel me inquietó.  Isabel: la “llamada estéril” (Lucas 1:36).  Imagínate si ésta fuera la forma en que otros te describieran.  La estéril.  Una etiqueta no meramente descriptiva, sino crítica.  Yo escuché ecos de su dolor —un manto de vergüenza, desprecio y burla.  ¿Qué había hecho ella? ¿Qué no había hecho ella, para ser estéril?

Mientras leía, el Señor me susurró Su intención: su vientre vacío no era vergonzoso.  Estaba vacío y oscuro y “esperando” la designación de Dios.  Mi Dios santifica la esterilidad.  Mi Dios proyecta una sombra sobre los lugares vacíos y abiertos para llenarlos de vida.  Mi Dios ama los espacios vacíos y “estériles”.  ¿Qué hay más abierto a Su residencia que éstos?

Yo recientemente cumplí 39 años; el año que viene comienza todos los meses previos a mi año número 40.  En un nivel, el mundo, mi carne y el acusador me tientan a la vergüenza.  Para una mujer consciente de que está hecha para la vida y la asociación (de cualquier manera que el Señor haya elegido), mi vacío puede convertirse en “esterilidad”, un golpe que magnetiza viejas mentiras: Estás abandonada.  No eres elegida.  No eres vista ni amada.

Pero Dios me exhorta a someter la esterilidad como un lugar de espera, no de vergüenza.  ¿Qué puede hacer mi Dios con un lugar vacío, esperando Su cumplimiento?  Yo busco ayuda en María.  Su mandato: “hágase” de acuerdo con la voluntad de Dios desafía mi fortaleza de pensamientos.  Al igual que María e Isabel, mi vacío puede abrirse a Jesús con expectación.  ¿Qué no puede hacer mi Dios con mi lugar vacío, esperando a ser llenado?

Este Adviento, estoy agradecida por la honestidad acerca de mi vacío.  Y una visión de la forma en que Jesús lo ve.  Yo clamo: “Dios, hazme un hogar terrenal para ti.  Líbrame de luchar por moradas seguras de mi propio diseño.  Ayúdame a convertirme en un lugar pacífico donde tú mores”.

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*