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Benditos Traidores

“En la Iglesia, Jesús se confía a aquéllos que lo traicionan una y otra vez”. Papa Emérito Benedicto XVI

Mientras proseguimos con Jesús hacia El Calvario, nos detenemos en la Última Cena donde vemos a San Pedro comiendo cómodamente con Jesús, curioso de quién podría ser el traidor de Jesús y confiado de que no es él mismo (Jn 13:21-38).

Quizás el propósito de la Cuaresma y de la Semana Santa sea desafiar esa confianza invitándonos al desierto a fin de enfocarnos en nuestras negaciones.  No hay mejor lección que la de San Pedro: después de una comida santa rodeado de sus amigos, él salta queriendo acaparar la atención donde él se esfuerza por salvar su vida en vez de perderla por Jesús (Jn 18: 15-27).  Yo me siento menos sorprendido por su falta y nuestra falta de voluntad de ser fieles a Jesús, que por nuestra falta de conciencia de nosotros mismos.  ¿Sólo fieles?  Nos engañamos a nosotros mismos.

Las siete virtudes que analizamos en esta Cuaresma exponen las brechas.  Éstas resaltan nuestros autoengaños.  Nosotros, cuya esperanza enmascara el dolor no resuelto, cuya fe da cabida al temor en un segundo, y cuyo amor no se atreve a entrar conflicto —el desierto nos pone al descubierto.  En el calor y el hambre, nosotros que defendemos la justicia mundial y esclavizamos a nuestros seres queridos, que ejercemos la fortaleza consumiendo múltiples episodios de “Juego de Tronos” o “Muertos Caminantes”, pero no podemos permanecer con Jesús durante 10 minutos, y mientras tanto vemos a nuestras almas dividirse con más violencia gráfica, sexo y palabras de lo que nuestros abuelos experimentaron en toda su vida— ése es el desorden lascivo en el que estamos.

Por lo menos las tres negaciones de Pedro fueron obvias.  Las nuestras no lo son.  Esta Cuaresma, yo me siento agradecido por tener una renovada conciencia de mi negación de la sabiduría, la verdad de cómo son realmente las cosas.  Yo prefería enmarcar la realidad como agradable para complacerme a mí mismo y dormir tranquilo.  Yo estaba sujeto al espíritu de los israelitas que imploraban a los sabios: “¡No nos den más visiones de lo que es verdad!  Dígannos cosas agradables, profeticen ilusiones.  ¡Apártense del camino, retírense de esta senda, y dejen de enfrentarnos con el Santo de Israel” (Is 30: 10, 11)!

Al igual que San Pedro, nosotros queremos honrar a Jesús pero nos rehusamos a ser deshonrados personalmente.  Pedro rechazó que le lavaran bien los pies (Jn 13: 6-8).  Sin embargo, él al igual que nosotros necesitaba ser purificado en lo profundo de su ser.  Nosotros necesitamos del amor para que nuestro mal sea absorbido, para que la suciedad y el hedor sean arrancados, y para que nuestras incapacidades morales sean transformadas en algo agradable para Dios.  Él lo ve todo y nos llama para que le entreguemos todo a Él este Jueves Santo.  Camina al altar con expectativa aunque te cueste.  Anímate: “La arena ardiente se convertirá en un estanque” (Is 35: 7).

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