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Por Marco Casanova

“Cada generación es convertida por el santo que más la contradice”.  GK Chesterton

Cambiar la atmósfera nos involucra a cada uno de nosotros.  Jesús está despertando a la Novia adormecida a través de los pecadores orantes.

Orar por los sacerdotes y los pastores durante la Cuaresma ha cambiado algo en mí.  Me ha dado una visión más saludable por los líderes espirituales, no importa cuán divididos estén.  La Letanía de la Humildad lo reza mejor: “Para que otros se vuelvan más santos que yo, siempre y cuando yo pueda llegar a ser tan santo como debería”.  Yo debería orar valientemente por la brillante santidad de los pastores.  Su salud me anima a mí y a muchos otros.

La integridad de los pastores me impacta.  Estos pastores que abren la Palabra y que re-presentan la Palabra sacrificada por mí cambian la atmósfera.  ¿Cuánto más deslumbrante es su ofrenda cuando los corazones y las manos sacerdotales son puros y tiemblan de asombro de Aquél que es Santo?

Yo fui guiado por dos sacerdotes.  Su humanidad luminosa provocó algo en mí.  Su búsqueda de Jesús me atraía.  Vi sus defectos y aspiraciones morales.  Yo quería ser como ellos porque su santidad era alcanzable.  Estaba arraigada en la misericordia y la acción hacia la cual yo también podía llegar.

Estos hombres ayudaron a cambiar el aspecto de mi seminario.  Ellos insistían en que Jesús quería todo de mí —Él quería reformar mi humanidad para que su debilidad invitara a la transparencia y la fuerza inspirada, liberándome para crecer más allá de la inmadurez hacia la masculinidad.

Yo tenía ideas equivocadas que perpetuaban mi pecado.  Por ejemplo, yo justifiqué la adicción a la pornografía y la masturbación como mi “cruz”.  Uno de mis sacerdotes mentores desafió esa mentira —un engaño que nos libera para acomodar el pecado con el argumento de que éste nos mantiene humildes, cerca de Jesús.  En pocas palabras: no acomodes el pecado.  Si lo haces, pierdes un sentido de la realidad.  Y nunca te vuelves realmente fuerte, la fuerza que sólo llega cuando dejas de aceptar el pecado y comienzas a ejercer la autoridad enérgica.  Despertados como un guerrero, nosotros luchamos por nuestra propia integridad.  Eso nos da una humilde autoridad para orar por nuestros líderes que bien pueden necesitar nuestra defensa en su cansado “sí” a la castidad.

Las generaciones cambian cuando los miembros están dispuestos a cambiar.  Yo deseaba una santidad heroica.  ¡Todavía lo hago!  Sin embargo, conozco la batalla muy bien.  Y puedo convertir mi batalla por la integridad en una lucha de oración por toda la Novia.  Yo intercedo especialmente por sus pastores, para que ellos puedan guiarnos con una brillante transparencia sobre la integridad.

Dios nos llama a cada uno de nosotros a cambiar la atmósfera de la Iglesia.  Piensa en San Agustín, San Ignacio de Loyola, Santa Catalina de Siena y otros cuya integridad todavía está cambiando algo hoy en día.  No ajena a la tentadora lujuria, Santa Catalina dijo algo que nunca olvidaré: “Si le das tu espada al enemigo, él te matará con ella”.  Es cierto.  Nosotros no podemos subestimar el impacto de nuestra autoridad inspirada en toda la Iglesia.  El Redentor regresa por una Novia completa, y cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar para garantizar su castidad.

“Yo renovaré la santidad del sacerdocio en Mi Iglesia.  Derramaré el Espíritu Santo sobre todos los sacerdotes en forma de un fuego purificador.  Aquéllos que acogen ese fuego emergerán de él como el oro que emerge del horno, brillando con santidad y con una pureza maravillosa para que todos lo vean.  Aquéllos que rechacen Mi fuego serán consumidos por él”.  In Sinu Jesu

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