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Camino Hacia la Santidad – 

“Hagamos un buen uso de nuestro tiempo.  Nuestros pasos deben ajustarse al llamado de Dios en nuestras vidas; trabajemos en nuestra salvación con temor y temblor y con ardiente amor y celo por la salvación de nuestro prójimo”.  San Junipero Serra

Escribo esto desde la Misión de San Gabriel, quizás la más excelente de las iglesias Franciscanas fundada por el Padre Serra quien introdujo el cristianismo en California a mediados del siglo XVIII.  Él soportó dificultades insondables para abrir un camino de santidad desde San Diego hasta San Francisco: lo hizo plantando una serie de puestos de avanzada, como estaciones en un relevo que pudieron sostener la evangelización y el discipulado de los pueblos nativos de California a lo largo de la costa oeste.

La Misión San Gabriel, no muy lejos de uno de nuestros grupos de Aguas Vivas más fructíferos de la Iglesia HROCK en Pasadena y más cerca aún de nuestro excelente líder regional Brian Barlow y su familia, fue especialmente estratégico para este “camino”’.  Su fecundidad suplió muchas de las necesidades de las otras 11 misiones; su éxito consoló a Serra durante los últimos 25 años de su buena y difícil vida.

Yo encuentro un pequeño nicho en la parte lateral de la capilla original de la Misión San Gabriel, la construcción más antigua en el sur de California, y me maravillé de que haya realizado Misa en este santuario todos los días desde el año 1771.  Desde mi habitación puedo ver las vides y los naranjos que los padres españoles introdujeron en California en el terreno de esta misión, sentando así la base para el rico futuro agrícola del estado.

Reflexiono sobre la vida de Serra mientras espero una reunión de oración con nuestros líderes de Aguas Vivas del sur de California.  Oraremos por la derrota del proyecto de ley AB2943, aún pendiente en el senado estatal.  Le daremos la bienvenida a Brian y al Pastor Gwen de la Iglesia HROCK de Sacramento donde pasaron el día dando testimonio de la transformación ante líderes que no están seguros; estos dos son héroes, como muchos hoy en día a quienes Jesús convoca para declarar Su camino de santidad en todo California.

Por supuesto que oraremos para que el proyecto de ley muera.  Lo más importante, oramos para que la Iglesia se levante y brille en gloriosa unidad —cada comunidad de fe es una estación en un relevo que restaura la dignidad de los quebrantados.

Al igual que Serra y sus padres, nuestra esperanza es segura y no nos echaremos atrás.  Serra viajó 24000 millas por mar y tierra con un pie ulcerado en las últimas décadas de su vida para plantar la cruz en California.  Nosotros haremos lo mismo.  Nosotros, al igual que Él, trataremos de buscar más los intereses de Jesús que los nuestros (Fil 2:21).

 

La mayor “cruz” de Serra fue la autoridad del gobierno estatal que era movida por la codicia y el orgullo que continuamente frustraron sus planes espirituales.  Él odiaba especialmente el maltrato hacia quienes le seguían —los pueblos nativos— por parte de soldados españoles que los maltrataban y contaminaban la voluntad de Dios para con ellos.  Los levantamientos de los nativos contra Serra y los padres fueron provocados por abusos militares, no religiosos.  Él se afligió entonces; nosotros nos afligimos ahora por el abuso que el proyecto de ley AB2943 infringe sobre las personas más vulnerables.

Al igual que Serra, nosotros no perderemos de vista el premio, que es la salvación de muchas vidas.  Luchamos para que las vidas heridas tengan una oportunidad de luchar para conocer al Sanador, Aquél que nos une con lo bueno de nuestro Yo de género y nos guía amorosamente mientras volvemos al Padre en nuestros afectos desordenados y elegimos caminar por el camino hacia la santidad, buscando a través de la gracia unir nuestros pensamientos con el mejor deseo de Dios para con nosotros.

En medio de sus múltiples aflicciones, Serra escribió: “Todas las cosas son dulces para una persona que ama”.  Él estaba desposado con Jesús y, al igual que el líder de su orden, San Francisco, él mantuvo sus ojos y su corazón fijos en Cristo Crucificado.  Yo entro ahora en el antiguo santuario y me atrae la hermosa imagen de San Francisco sobre el altar mirando con afecto el pequeño crucifijo en sus manos.  ¡Todo por amor!  Podemos hacer todas las cosas a través del amor, inspirándonos continuamente en su Fuente.

Nada nos detendrá.  Jesús nos invita a cada uno de nosotros a convertirnos y a declarar el camino que Él hace para que cada alma dispuesta descubra su lugar entre los amados.  Serra murió feliz, rodeado de los santos.  Él derramó su vida para forjar un camino de santidad sobre el cual los primeros californianos  —más de 6000 personas— fueron bautizados y confirmados como cristianos.  Nosotros lo seguimos hoy en día en el Espíritu de San Francisco, el Espíritu Santo que hace que todas las cosas sean dulces para los que caminan en Cristo.

“Habrá allí una calzada que será llamada Camino de santidad…” (Is 35: 8)

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