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Abbey Foard, Directora Ejecutiva del Ministerio Desert Stream/Aguas Vivas

Nuestro país (y nuestro mundo) está girando, como lo atestiguan los vertiginosos ciclos de noticias.  No hay necesidad de contarlos —los estamos viviendo.  Para aquellos de nosotros que somos sensibles a “sentir” nuestras comunidades, la intensidad puede sentirse como una marejada, un feroz tirón de la costa hacia aguas inestables.

En esta sensibilidad, podemos arriesgarnos a interpretar nuestro mundo demasiado personalmente.  Cuando hago esto, me arriesgo a condenarme a mí mismo y a los demás.  También podemos arriesgarnos a despersonalizar estas realidades mundiales rechazando la responsabilidad del prójimo y el hermano.  Podemos sacudirnos de la súper-responsabilidad, como si el peso de cada vida descansara sobre nuestros hombros, hasta eludir la responsabilidad por completo.  Cuando hacemos esto, adormecemos nuestro llamado a ser sal y luz —fuerzas estabilizadoras en medio de la agitación.

Yo creo que Dios está provocando a Su Iglesia (a ustedes y a mí personalmente) a despertar y encontrar el camino angosto.  Él nos invita a renovar nuestro compromiso con Él para que podamos compartir Su corazón y llevar Su carga —una carga colectiva— por el mundo que Él ama y las personas que anhela hacer Suyas.

Él nos está llamando a no endurecer nuestros corazones ni cansarnos de hacer el bien, sino a ser sanados, tanto personal como conjuntamente.  Él quiere que esta carga colectiva se personalice en una transformación más profunda en las áreas centrales de nuestras vidas.

Nosotros debemos responder a Su invitación en tiempo real.  Eso significa darle espacio a Él para que nos sensibilice a Su convicción.  ¿Podríamos tomarnos el tiempo para prestar atención a Su llamado a cambiar y clasificar lo que necesita reordenarse en nuestras vidas?  Eso requiere de humildad y rendición en formas que aún no hemos conocido.  Sin embargo, Jesús vino a hacer este trabajo profundo.  Estaciones como ésta exponen nuestra necesidad de ello.

En su libro, La Biblia y la Práctica Homosexual (2001), Robert Gagnon habla de las actitudes de Jesús sobre la sanación y la transformación.  Cuando Jesús se encontró con pecadores sexuales, recaudadores de impuestos explotadores y similares, Él no dudó en dirigirlos por un camino angosto.  La sanación fue más que un tweet de 280 caracteres; fue un cambio que les transformó la vida por completo.  Para Jesús, “Sanación implica transformación; la transformación implica arrepentimiento [y] sin la reforma de la conducta pecaminosa anterior no puede haber recuperación” (pág. 211).

No deberíamos pasar por tiempos como éste sin una reforma personal y colectiva, arrepentimiento para la transformación y la sanación.  Ninguna parte de nuestra vida individual está excluida— nuestra Iglesia y nuestro mundo no pueden cambiar hasta que nosotros lo hagamos.  Y por eso, creo que la transformación individual es lo más importante para Jesús.

En el Ministerio Desert Stream, nosotros invitamos a cada persona a esta transformación personal.  Nosotros somos impopulares, ya que insistimos en que Jesús transforma el profundo quebrantamiento sexual y relacional.  Proclamamos lo que hemos visto y experimentado.  Conocemos la libertad y el desafío de vivir nuestra reforma.  Independientemente de cómo nos afecten las turbulencias del año 2020, que usted y yo respondamos con un “sí” a la transformación que Jesús busca hacer en cada uno de nosotros.

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