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Casa Segura – 

“Mira tú, ciudad afligida, atormentada y sin consuelo.  Te afirmaré con turquesas, y te cimentaré con zafiros…  El Señor mismo instruirá a todos tus hijos y tus hijas, y grande será su bienestar” (Is 54: 11, 13).

Nuestras iglesias, azotadas por la política de identidad y afligidas por el abuso, necesitan que el Novio nos haga una “casa segura”.  Esta es nuestra última semana de “Convirtiéndonos en las Buenas Nuevas”; en verdad, esto es sólo el comienzo de convertirnos en la Iglesia “cuya apariencia convencional la convierte en un lugar seguro en el que uno puede refugiarse”, también conocido como una “casa segura”.

Pero ¿cómo puede una Iglesia plagada de inmoralidad convertirse en un santuario para quienes fueron abusados o están confundidos en su identidad?  Respondiendo con una refutación de su afirmación de que el Papa y muchos funcionarios del Vaticano encubrieron a abusadores homosexuales de alto rango, el Arzobispo Vigano escribe: “No es exagerado decir que la homosexualidad se ha convertido en una plaga en el clero…  Es una enorme hipocresía condenar el abuso sexual, clamar llorar por sus víctimas y, sin embargo negarse a denunciar la fuente de tanto abuso: la homosexualidad”.

¿Por qué orar para que los hijos pródigos regresen a casa a una celebración deshonesta?  Porque Dios está formando un ejército de sanadores heridos que tienen la intención de hacer que la Iglesia sea segura.  Los hombres cobardes en el poder no pueden detener al Señor de los ejércitos.  Él logra lo que Él quiere.  Él quiere liberar a los cautivos a través de Su casa, no a pesar de ella.

Escribo esto al final de un saliente rocoso que apunta al este de la costa de Connecticut.  Los vientos y la lluvia nos azotan aquí mientras se reúnen los experimentados líderes de Aguas Vivas y los nuevos futuros líderes.  La diversidad de iglesias —desde católicos contemplativos hasta pentecostales efusivos— es impresionante.  Necesitamos de los dones de los demás para convertirnos en casas seguras en nuestras comunidades para cada hija e hijo extraviado que Jesús llama a volver a casa.  ¡En respuesta a nuestras oraciones!

Decimos la verdad sobre nuestras vidas —los deseos desordenados, el abuso que nos dividió, la vergüenza que nos ridiculizó— y la familia de Dios cuyos corazones puros y manos limpias nos ayudaron a reconciliarnos con los dones de género que somos nosotros.  Ningún poder humano puede detener lo que Dios está construyendo.  Estamos siguiendo Su plan: la revelación humilde encontrada por la misericordia Todopoderosa que fluye a través de los miembros de Cristo.  Imparable.  Dios no necesita administradores más inteligentes, evasores más ingeniosos; Él sólo necesita corazones voluntariosos, tiernos y dignos de confianza por la misericordia.

Nosotros tomamos nuestros lugares —sometiéndonos mutuamente a los obispos y pastores a medida que nos convertimos “como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual, un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo.” (1ª P 2: 5) ¿Nuestro sacrificio?  El nuevo ofrecimiento de nuestras heridas, ahora visibles para todos —lavadas, fraguadas, que se integran en nuestras buenas vidas plenas.  Yo les presento este cortometraje, Chaste Together (Castos Juntos), que describe cómo Aguas Vivas ayuda a crear una “casa segura” en las iglesias locales para quienes fueron abusados y se encuentran afligidos.

Mi esperanza está en Jesús.  No me siento desanimado por las cepas deshonestas en la Iglesia.  No puedo responder por los acusados.  Todo lo que sé es que Dios está movilizando un ejército sanador que cumplirá Sus propósitos —“presentársela a Sí mismo como una novia radiante” (Ef 5: 27), una novia que recibe a los heridos con misericordia y verdad.

“Yo los traeré del país del norte; los reuniré de los confines de la tierra.  ¡Volverá una gran multitud!  Entre ellos vendrán ciegos y cojos, embarazadas y parturientas.  Entre llantos vendrán, y entre consuelos los conduciré.  Los guiaré a corrientes de agua por un camino llano en el que no tropezarán.  Yo soy el padre de Israel; mi primogénito es Efraín” (Jer.  31: 8-10).

 

 

 

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