Casa > Blog De Andrew > Combatiendo el Fuego con el Fuego

Fighting-fire-with-Fire1

 

 

 

 

 

 

 

“Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre!’”                                                                                    (Rom. 8: 15)

¿Han considerado ustedes alguna vez la verdad de que muchas personas que enfrentan intensos anhelos hacia el mismo sexo están realmente motivados por el miedo: experiencias originales de rechazo por inadecuación personal y de género, la amenaza de que su ofrenda a los padres o los compañeros puede ser rechazada? El miedo se entremezcla con la vergüenza, permanece oculto, luego vuelve a surgir en una especie de arrebato homosexual en el cual la persona rechazada juega una especie de reconciliación sensual con su propio género.

La futilidad de este esfuerzo es obvia: la persona temerosa está compensando un trauma, no complementando a otra persona como una contraparte valiosa. Pero los lazos forjados en el miedo y la lujuria pueden ser más vinculantes y cegadores que los concebidos en la integridad. Mis amigos y yo estuvimos de acuerdo en que nuestros esfuerzos en el amor homosexual sólo distorsionaban lo que podían haber sido buenas amistades con hombres brillantes que están en la búsqueda.

Esto nos resonó en un reciente seminario con el Dr. Joseph Nicolosi mientras él describía las primeras experiencias de las almas sensibles que de cara a las primeras experiencias de vergüenza enfrentaron “una caída, un hundimiento y un colapso” del cuerpo y del espíritu y luego se retiraron durante años en una especie de “tierra de nadie” hasta que los sentimientos hacia el mismo sexo surgieron y se convirtieron en otra razón para el autoaborrecimiento.

La fantasía, la identidad y las relaciones homosexuales aplacan temporalmente el temor y la vergüenza y el autoaborrecimiento, pero no pueden disolver la verdad de que algo más básico está sucediendo: un esfuerzo por resolver una herida que ninguna cantidad de libertades civiles puede sanar. Incluso la terapia tiene sus límites aquí. Aunque es indudablemente útil, ésta no puede responder completamente el clamor del cuerpo y el espíritu.

Sólo Jesús puede desbloquear el encierro del auto-rechazo y el odio. Sólo Él puede entrar en nuestros recuerdos más oscuros y tentaciones actuales y concedernos una vía de escape (1ª Co 10:13). Su “amor perfecto echa fuera el temor” (1ª Juan 4:18) y nos da, quizás por primera vez, la lucha que necesitamos que llegue en nuestra dignidad original y reanude la travesía hacia la integridad.

Después del seminario, me encontré con un hombre corpulento ante quien yo previamente podría haber abandonado mi propia masculinidad, con mi pecho hundiéndose y colapsando, a través de un instante de lujuria homosexual. Pero no esta vez. Consciente de la ansiedad, respiré profundamente y practiqué la Presencia de Aquél “que me cubre con el escudo de Su salvación, y con Su diestra me sostiene” (Sal 18: 35b). Este David bendijo al Goliat que estaba ante mí y seguí caminando, libre de cargas y agradecido por el hombre que soy y el Dios que adoro.

“Nosotros superamos el fuego de la lujuria entrando en un Fuego infinitamente mayor, el del amor Eros-Agape de Dios” (Christopher West, El Corazón del Evangelio)

Download PDF