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Comiskey a los 60 años (Isaías y por lo demás…)-

“¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!  ¡La gloria del Señor brilla sobre ti!  Mira, las tinieblas cubren la tierra, y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.  Pero la aurora del Señor brillará sobre ti; ¡sobre ti se manifestará Su gloria!” (Isaías 60: 1, 2).

Andrew Comiskey

¿Envejecer te hace una mejor o peor persona?  Supongo que depende de quién estés analizando.  Cuando cumplí 60 años el otro día, estoy más consciente que nunca de las contradicciones dentro de mí, la mezcla que alienta y atenúa alternativamente.

¿Cómo vivir honestamente pero con esperanza?  Manteniéndote con la mirada fija en Jesús: de alguna manera, mi visión “bizca” capta la luz gloriosa y la arroja sobre los contornos del alma.  Las sombras huyen y la esperanza se eleva.  La misericordia omnipotente me libera para luchar en la Luz.  En esa Luz, yo puedo contemplar al débil que está a mi lado como un candidato igualmente apto para la gracia, destinado a librarse de la frustración y entrar a la gloria (Romanos 8: 18-21).

La semana pasada, yo revisé mis diarios del 2017 y me llamó la atención la dificultad del año.  La atracción gravitacional del pecado y la muerte fueron evidentes.  Pero más conocidos que un espíritu de pesadez fueron los levantamientos ascendentes que siguieron cada surco en el camino.  Todo lo que se necesitó fue un acto gentil de voluntad.  Yo le ofrecí la vergüenza, la desilusión o el temor al Crucificado, que nunca dejó de surgir como una corriente de cristal en medio de una zanja contaminada.  Yo atrapé Su ola a través de actos de rendición orante.

Por supuesto que nosotros necesitamos recordatorios de la nueva vida.  Recuerdo un día el año pasado cuando no pude evocar la fe.  Las ofrendas habían caído, tuve que comprar un boleto aéreo internacional, y el mundo parecía estar girando rápido, demasiado rápido, como si saltara de su eje.  Llamé a mi madre, apenas en su cumpleaños 92, y le ofrecí mi lamento.  Ten en cuenta que esta mujer perdió a quien fue su marido por 60 años hace una década y ha tenido que elegir cada día para levantarse y brillar.  Eso se vuelve más difícil cada año, cuando los amigos mueren; ahora ella es la “última mujer en pie”, la que alegremente preside las ceremonias de conmemoración de los amigos fallecidos.  Ella se levanta con las piernas temblorosas, rechaza la desesperación y la autocompasión, y mira a Aquél que brilla sobre ella.

Ella escuchó mi lamento y respondió: “Eso suena difícil.  ¡Pero qué grandioso que estés libre para lanzarte al mundo y hacer una diferencia en las vidas de las personas a través de Su glorioso reino!”  Yo me sonrojé un poco y le ofrecí mi carga al Señor, quien me permitió enderezarme rápidamente.  Me puse nuevamente en posición para reflejar Sus rayos.  La Luz brilla en la oscuridad, y no puede ser vencida (Jn 1: 5).

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