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“Convirtiéndonos en las Buenas Nuevas” para nuestros Seres Queridos Errantes

Estoy entusiasmado con un nuevo folleto que acabo de escribir llamado “Convirtiéndonos en las Buenas Nuevas”, una guía de oración diaria de 40 partes para aquellos de nosotros que buscamos amar a las personas que se han dejado cautivar por el dragón LGBT+.  Jonathan Hunter vislumbró en oración a esta bestia: una bestia resplandeciente que entra en una generación con la promesa de nuevas identidades y asociaciones.  Después de haberlos atraído, el dragón los pierde con un rápido movimiento de su cola.  Nuestro enemigo común es despiadado con aquellos que son seducidos por este espejo de engaño multifacético.  Tenemos razón en preocuparnos por nuestros seres queridos.

Sin embargo, todos somos criaturas de libre albedrío.  No podemos cambiar a nadie; aun así lo intentamos, y podemos sentirnos tentados de emplear nuestra fe para controlar y manipular a los demás.  “Convirtiéndonos en Buenas Nuevas” se especializa en la verdad de que la desorientación de otra persona nos invita a la conversión.  Descubrimos en nuestra impotencia, vergüenza y temor que Jesús realmente nos está llamando a Sí mismo.  En pocas palabras, Él emplea el desorden más obvio de otra persona para revelar el nuestro.

Ese desorden puede adoptar dos formas, ya sea convertirse en cómplice o despreciar la influencia del dragón.  Los cómplices son mundanos en su forma de pensar, pero no lo saben.  Nosotros creemos que estamos siendo misericordiosos, no juzgadores, con nuestros seres queridos cuando alteramos nuestra verdad para acomodar sus pobres elecciones morales.  ¿No estamos siendo simplemente cobardes, temerosos de ver y sentir la verdad de la cesión de nuestros seres queridos?  De la ansiedad no expresada llegan declaraciones tontas como “mi hijo gay es perfecto” o “mis vecinas lesbianas son la pareja más semejante a Cristo que conozco”.  ¡Uf, me revuelve el estómago!  Yo creo que adulamos demasiado.  Simplemente estamos eludiendo la verdad de que alguien que nos importa está en peligro y no sabemos qué hacer.  Así que cedemos ante la cultura.  Y complacemos a las personas.  Necesitamos la conversión, no el ceder.

Otra trampa es el desprecio.  En este particular nosotros parecemos tener la razón de nuestro lado: la verdad de la voluntad de Dios para con la sexualidad humana, etc.  Pero nuestros corazones no están bien.  Aunque alegamos tener una “justa indignación”, en realidad estamos proyectando nuestra ansiedad sobre las personas buenas (aunque estén heridas y rebeldes) y odiándolas por sus malas elecciones.  En vez de identificar al dragón, apuntamos y disparamos a los que están bajo su dominio.  Fácil de hacer.  Asqueados por la glamorización mediática de la confusión de identidad y el adulterio de todo tipo, concebimos la tentación de odiar a los engañados.  Somos como el fariseo (Lc 18) que le agradeció a Dios por no ser un adúltero.  Debemos arrepentirnos del orgullo religioso que genera desprecio y pedir la conversión de la misericordia.

Siendo cómplices o despectivos, nosotros necesitamos conversión.  Jesús pide nuestra devoción sin divisiones; Él nos cambia para que nuestra ofrenda de transformación se corresponda con nuestra integridad.  Esa es la invitación de “Convirtiéndonos en las Buenas Nuevas”.  Puedes solicitar más información sobre este nuevo libro en BecomingGoodNews@desertstream.org.  Y puedes irte programando para las fechas del 10 de octubre al 18 de noviembre 2018 para una campaña de oración este otoño, usando este libro.  Clamemos juntos por nuestros seres queridos que están bajo el dominio del dragón.  Que nuestro arrepentimiento libere una corriente de verdad y misericordia que convierta corazones, empezando por el nuestro.

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