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Cuida Tus Pasos

Yo corría a lo largo del río del centro histórico de Kaunas, Lituania.  Mientras consideraba la convergencia de las corrientes más queridas para mí, mi corazón se desbordó y corrí con desenfreno.  Creciendo en mí estaban las “corrientes” de San Juan Pablo II y Santa Faustina, un equipo europeo de sanadores heridos que me sanan, un equipo estadounidense por excelencia, y una serie de nuevos amigos de Polonia que se reunieron para iniciar Aguas Vivas allí.

Era el cielo en la tierra hasta que mi pie tropezó con una watch-your-stepgrieta en el camino y me fui de pique como un animal sin sentido hacia los adoquines ahora no tan encantadores.  “Fíjate por dónde caminas”, entonó una pequeña voz.

Yo me levanté, sangrando sólo un poco, y presté más atención.  Nosotros enfrentamos gigantes en nuestra primera Capacitación Aguas Vivas en Europa del Este.  Polonia toma en serio su Catolicismo –la autoridad de la Iglesia, y eso significa defender el papel de sacerdotes ordenados en cuanto a absolver pecados se refiere.  Aguas Vivas toma muy en serio el papel de la comunidad en cuanto a cargar con los pecados del otro, para que podamos ser sanados.  Los sacerdotes y los feligreses que se reunieron con nosotros tenían serias dudas acerca de nuestro enfoque; muchos de ellos también tuvieron serias divisiones en sus almas que sólo podían ser sanadas por una banda de hermanos pecadores que luchaban en humildad misericordiosa por su castidad.

Yo batallé con la confusión y la sospecha y luego me levanté para dar testimonio de los pilares sacerdotales del perdón (de los cuales yo dependo) y de los continuos vínculos de ser conocido diariamente con mis compañeros “sacerdotes laicos” en quienes yo confío para vencer el pecado.  Jesús forjó una camino para que todos los interesados dijeran “sí” a Aguas Vivas para la iglesia Polaca; pero lo más importante es que los pecadores fueron liberados por la experiencia de la absolución sacerdotal y el poder sanador de “los hermanos”.

Yo salí corriendo de nuestro centro de retiro y de alguna manera evité trabarme mi pie en un pico oxidado que sobresale en el camino.  “Lo sé, lo sé”, le susurré al cielo: “Fíjate por dónde caminas”.

La siguiente pelea fue más difícil.  En la oración preparatoria, nosotros discernimos que teníamos que hacer énfasis en una plataforma de Aguas Vivas –romper con el espíritu de la desesperación– en estas tierras pisoteadas por las botas sangrientas de Rusia y Alemania y luego sofocadas por el régimen soviético.  Nuestros amigos habían crecido en la sombra de la inhumanidad violenta.  Cristo Crucificado es fácil para los europeos del este; ellos deben luchar para vivir con expectación a la luz del Amor, resucitado y rebosante de vida.

La Palabra llegó con poder y liberó a muchos del espíritu de la muerte.  Luego la desesperación se desplegó sobre el equipo como una niebla.  Nosotros luchamos bajo una pesadez sofocante durante unas horas.  Entonces nos reunimos y confesamos nuestra aflicción entre nosotros; Jesús irrumpió con esperanza y gozo.  Aliviado, me regresé a mi habitación y caí inmediatamente en un bache.  Sólo me ensucié un poco, sin daño alguno, como si un ser invisible amortiguara mi accidente, mi caída.  Yo me reí, me sacudí, y me comprometí una vez más a fijarme por dónde camino.

“Porque Él ordenará que Sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.  Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.  Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes!” (Sal 91: 11-13)

 

 

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