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Despertando –

“¡Estén despiertos! ¡Estén alertas!  No saben cuándo llegará el tiempo…  No sea que Él venga de repente y los encuentre durmiendo.  Yo lo que les digo, se los digo a todos: ‘¡Manténganse despiertos!’”

Comenzamos el Adviento 2017 con un inquietante llamado de atención, asistido por la salida del closet de varios hombres del mundo del entretenimiento (Louie C.K., Kevin Spacey, Jeffrey Tambor, Garrison Keillor), de la política (Ray Moore, el Representante John Conyers, el Senador Al Franken), y del periodismo (Charlie Rose, Mat Lauer) quienes han abusado del poder en actos sexuales deshonrosos contra mujeres (Spacey y Tambor excluidos).  Republicanos o demócratas, moralmente conservadores o libertinos, cristianos profesos o no, estos hombres están unidos sólo en su fracaso en comprender cómo las mujeres no sólo odian ser manoseadas, sondeadas o expuestas a viles expresiones de su desnudez: ellas están siendo quebrantadas por esto.

Todos lo estamos.  Me atrevería a decir que el desorden sexual y de género en el que vivimos —el matrimonio “gay” y una lista cada vez mayor de ‘variantes’ de género— se basa en la falla del privilegio masculino y el reverberante impacto de los juegos de poder sexual no vistos anteriormente.  La masculinidad desintegrada daña a todas las personas y, en mi opinión, ha logrado tentar a una generación a concluir que el “género” es una construcción social empleada por los hombres para obtener lo que quieren.  Aplaudo a las valientes mujeres que han dado la voz de alarma.

Mi principal punto aquí es despertar cierta conciencia de lo que podría tentar a los hombres, por lo demás inteligentes y empáticos, a tratar a las mujeres tan mal.  Éstas no son excusas, sino factores.  Un hombre posee un tipo de energía sexual concentrada que debe aprender a moderar hasta que se convierta en algo que sirva al bien del otro; él necesita que su sexualidad se integre en la totalidad de su humanidad, la cual incluye su anhelo de ser un don digno de confianza para ella.  La desintegración ocurre cuando su sexualidad se separa de su capacidad de reconocer a la otra persona como un todo —una mujer, una persona a la que él no tiene derecho a emplear como objeto de su impulso por el placer o el poder.  Un hombre integrado subordina su necesidad por la de ella.  Punto.

Bienvenidos al desastre en el que estamos.  Hoy asistimos a la desintegración masculina a gran escala.  ¡Debemos despertar! Y debemos preguntarnos a nosotros mismos como cultura: ¿estamos haciendo sonar el toque de clamor del arrepentimiento para la integración de todos los hombres, así como una preparación y una formación que ayude a los hombres a ser íntegros en relación con las mujeres?  Perecemos sin visión aquí, envenenados por imágenes grotescas de hombres deshonrosos.  ¿Dónde están los hombres de honor que han vivido la verdad de emplear su poder para proteger y empoderar a los vulnerables, y que ayudaron a concebir vidas y que se quedaron para luchar por su dignidad?  Están entre nosotros, y debemos ser despertados por su fiel testimonio de la integridad.

Nosotros necesitamos visión y necesitamos un camino a seguir.  De lo contrario, nuestra vergüenza nos enterrará y lamentaremos a Dios al no ofrecer nuestro don particularmente masculino.  Tampoco debemos olvidarnos de los caídos.  Puede que hoy no peque a gran escala, pero sigo siendo un pecador y mi hermano depredador no necesita menos de la misericordia de Dios.  Si lo considero fuera del alcance de la misericordia, no sé nada de la Cruz.  Debemos llamar a todos los hombres a unirse a nosotros para seguir a este Jesús quien encarna lo que significa ser un hombre integrado y quien se derramó a Sí mismo para transformar la lujuria masculina en el fuego del amor puro y apasionado hacia las mujeres.  A medida que nos despertemos, que Su luz exponga la oscuridad y progresivamente se convierta en nuestra.

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