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Despojarse de la Corona

“En ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos” (San Pedro, Hechos 4:12). 

Tres reyes se inclinaron ante el Niño Rey, sometiendo su realeza al Señor de la Vida.  Ningún poder en la tierra les dio seguridad excepto el motivo de Jesús.  Ante Él se inclinaron, se despojaron de sus coronas.  Se dieron cuenta de lo que San Luis de Anjou articuló 1300 años más tarde.  Nacido de una reina con un hermano que se convirtió en rey, Luis descubrió que “Jesús es mi Reino.  Si no lo tengo a Él, lo pierdo todo”.

Los estadounidenses evitaron la auténtica realeza desde el principio.  En vez de eso, nosotros creamos el culto a las celebridades e hicimos ídolos de gente creativa frágil amplificada en escenarios de conciertos y pantallas gigantes.  El año pasado, perdimos a Prince, el innovador andrógino del pop, y a la Princesa Leia de “Guerra de las Galaxias”.  El frenesí que siguió sugirió que la Reina Isabel había sido asesinada.  Sin embargo, el frenesí de hoy en día se transformará rápidamente en carne fresca de mañana.  En el resplandor de las nuevas imágenes clamando por nuestra devoción, nos olvidamos de los viejos ídolos.

En verdad, nosotros hemos sido seducidos por las manipulaciones de los medios de comunicación de las personas que viven estilos de vida riesgosos y que bien pueden haberse bebido el Cool-Aid, creyendo su propia prensa en lugar de lanzar sus coronas a los pies de Jesús.  Nosotros impulsamos el desastre.  Como dice el protagonista de “La La Land” sobre la maquinaria de Hollywood: “Nosotros adoramos todo y no valoramos nada”.

Especialmente conmovedor para mí en estas muertes de celebridades fue la exclusión de cualquier referencia a Jesús.  ¿El Príncipe y la Princesa habían hecho las paces con Él? ¿A alguien le importa?  La madre de Carrie Fisher (Princesa Leia), Debbie Reynolds, creció como una cristiana devota y a inicios de su carrera fue franca sobre el Rey Jesús.  Sin embargo, ante el final inoportuno de su hija, la actriz de 84 años dijo que ella sólo quería estar con su hija en la otra vida y dio su último aliento.  Motivo comprensible, pero inestable.  Nuestros seres queridos no son quienes resguardan la entrada.  Jesús lo es.  Sólo Jesús.  La única manera segura de prepararnos para la muerte es invocar Su nombre y arrepentirnos de cada estrella que hemos adorado o buscado convertirnos.

La muerte nos espera a todos.  Y Jesús es el motivo del cielo, nuestro único camino hacia una eternidad feliz.  Jesús nos ordena a nosotros, Sus fieles, a hacer todo lo posible por amar a nuestros amigos y familiares y encaminarlos hacia la fe en Su Nombre.  Al igual que los Reyes Magos, despojémonos de nuestras coronas y adoremos a Jesús.  Surjamos entonces y hagámosle conocer.

 

 

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