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Día de las Elecciones

“A los elegidos de Dios, extraños en el mundo” (1ª Pedro 1: 1), “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza Él los ha llamado, cuál es la riqueza de Su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza

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de Su poder a favor de los que creemos” (Ef 1:18).

Los santos Pedro y Pablo nos recuerdan a los santos de la tierra acerca de la esperanza que compartimos en Jesús, Su gloria y nuestra herencia, las cuales no necesitan ser opacadas o distraídas por una elección vergonzosa (todavía no estoy seguro de quién me molesta más: ella la que defiende a las madres y a los niños mientras insiste en que las primeras sean libres para deshacerse de estos últimos, o él quien sataniza a los extranjeros mientras consiente a los americanos blancos enojados). En verdad, la elección de Jesús para elegirnos y hacernos extraños a los sistemas del mundo puede ser simplemente el recordatorio que necesitamos para afinar nuestro enfoque en lo que cuenta: la esperanza de una nación hostigada cuyo pueblo no será salvo por ningún otro candidato que Jesucristo.

Durante el último Día de las Elecciones Presidenciales del 2012, yo terminé un ayuno de 40 días con los buenos amigos de los Ministerios Outpost en las Ciudades Hermanas —nosotros oramos “Que se haga Tu voluntad” durante todo el día en la Sala de Oración de la Justicia, luego patrocinada por un iglesia en el campus de la Universidad de Minneapolis. Durante una pausa, yo deambulada (hambriento) por el campus y vi a cientos de estudiantes confundidos en su género; allí, a través de los ojos de mi corazón, yo vi un torrente de “agua viva” corriendo desde la iglesia e invitándolos a participar de la marejada transformacional.

Yo oí a Jesús susurrar: “Yo soy su esperanza —no una ley o un funcionario electo— este río de sangre, agua y Espíritu. ¡Construyan Mi casa, dejen que las aguas suban allí y se desborden hacia la plaza pública; acojan en casa a Mis hijos extraviados!” A partir de ese momento, hace cuatro años, yo prometí hacer justamente eso, construir la casa de Jesús para que los fieles empoderados pudieran abrir un camino para los que están perdidos en el mundo.

¡La Iglesia! ¿Podría ella ser fiel en esta hora a la verdad resplandeciente y la misericordia de Jesús para salvar muchas vidas? De este fuego, y la amenaza de dormirnos en esta luz, el arzobispo Chaput de Filadelfia escribe: “No necesitamos renunciar a nuestro bautismo para ser apóstatas. Simplemente necesitamos permanecer callados cuando nuestra fe exige que hablemos. Nuestra asimilación hacia la cultura popular ha blanqueado la fuerte convicción religiosa en el nombre de la tolerancia liberal y ha entorpecido nuestro anhelo por lo sobrenatural…”

¡Y el poder de ese amor sobrenatural! Mi espléndido colega Peter Kockelman y yo tuvimos el privilegio esta semana de impartir cierta sabiduría (y recibir mucha renovación) en la Iglesia Bethel en Redding, California. Nos reunimos con futuros compañeros de ministerio como Ken Williams y simplemente quedamos impresionados por la esperanza, la vida y el amor que surgieron como una marejada de la comunidad de 8000 santos, en su mayoría adultos jóvenes, que se reúnen para entregarlo a Él con generosidad llena de gozo.

(Eso es lo que más me bendijo de la comunidad Bethel: a la luz de las increíbles presiones para acomodar el volumen de buscadores, las personas claves del personal enfrentan las cargas con el gozo de un niño. Estos no son santos con cara de estresados, ellos sonríen y encogen los hombros hacia el cielo y confían las gloriosas imposibilidades a Jesús. Él hace un camino.)

Sin embargo, ellos también son realistas. Impulsada por el Pastor Chris Vallaton, la comunidad de Bethel está tratando de ofrecer un testimonio claro de la voluntad de Dios para hombres y mujeres, mientras equipan a los santos para acompañar con gracia y verdad a las personas atrapadas en un trastorno. El río está creciendo en Redding y ahora fluye por todo el mundo para traer a los hijos e hijas extraviados de regreso al Padre, y Su confirmación de cada uno como hijos e hijas amados, hechos a Su imagen.

Estos santos de Bethel no doblarán la rodilla a otra imagen de la humanidad, una versión “más moderna” para apaciguar a los hipsters confundidos. Ellos movilizarán a los santos para que se conviertan en ese río derramado para los quebrantados. Ellos harán su parte para que nuestra elección sea segura, la Novia que ha sido limpiada por la Palabra, libre de manchas y arrugas, radiante. En ningún otro lugar quiero estar: alegremente en el río con todos los santos, haciendo nuestras partes para mantener las aguas puras y creciendo para un pueblo que perecerá sin ella.

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