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“El fatalismo es resignarnos a lo inevitable;

la fe es confiarnos a Aquél que es digno de nuestra confianza”.                                                                                                                       Richard John Neuhaus

Una suposición predominante hoy en día: la homosexualidad es una condición genética, innata que nos obliga a defender a las personas “gay” y al “matrimonio gay” porque las personas con dichas inclinaciones simplemente no pueden evitarlo. Los padres que confirman a los hijos “que se identifican como gays” parecen especialmente empeñados en perpetuar esta visión fatalista de la homosexualidad; ellos son los primeros en reducir a sus hijos (y a los demás) a nociones erróneas de la moral y la identidad.

En un artículo de primera plana del periódico New York Times la semana pasada, el Pastor Metodista Frank Schaefer ofreció este consejo a su hijo ‘identificado como gay’: “Es tan obvio que tú no elegiste esto para ti mismo. Esto es lo que eres y así es como Dios te creó para que fueras”. Basándose en esas suposiciones acerca de las inclinaciones de su hijo (y la naturaleza de Dios), el pastor tomó la determinación de oficiar la “boda homosexual” de su hijo y liderar la lucha en la promoción del “matrimonio gay” en su denominación.

¡Guau! Una forma de pensar popular, superficial y totalmente engañosa con consecuencias devastadoras para todos.

Piensa en ello. ¿No es obvio que nuestros cuerpos están diseñados para una comunión fecunda con el sexo opuesto? Si eso es así, entonces cualquier sentimiento contrario debe entenderse como una especie de frustración a la progresión normal hacia la integridad.

En otras palabras, la biología determina la dirección de nuestro desarrollo sexual, pero aún requiere de un proceso de reconciliación con las personas de nuestro género, un proceso marcado por avances y retrocesos, y sujeto a diversas variables que dificultan ese proceso. Para algunos, la fijación en el mismo género representa una especie de “estancamiento” en el camino hacia la meta de las relaciones sexuales humanas, la libertad para comprometer el propio cuerpo y alma con otra persona para el propósito de crear una nueva vida.

Para muchas personas con AMS, dichos impedimentos son profundos, inconscientes e incluyen el temperamento, el cual se convierte en la red a través de la cual él/ella responde a las relaciones formativas y las señales sociales. Incluso la APA (Asociación Americana de Psicología) reconoce esta interacción entre la personalidad y el aprendizaje social en la formación sexual. En lo que todos estamos de acuerdo: NO EXISTEN EVIDENCIAS DE UNA BASE DE QUE LA PERSONA “NACE ASÍ” EN LO QUE RESPECTA LA HOMOSEXUALIDAD.

Aunque nosotros los que luchamos con la AMS no elegimos nuestras inclinaciones, también debemos aceptar el hecho de que desde un inicio nosotros elegimos cómo responder a los pecados de omisión y comisión que dan forma a nuestras vidas. Experiencias dolorosas, confusas, y vergonzosas influyen en nuestra visión de nosotros mismos y de los demás: en la mezcla maravillosa y lamentable, tomamos decisiones sobre el tipo de persona que queremos ser y cómo vamos a manejar nuestros deseos corporales de amar y ser amados.

Nuestro Diseñador y Redentor nos da la dignidad de la elección. Nosotros las personas con AMS podemos decidir con valentía confiarnos completamente a Él mismo y Su camino, incluyendo reanudar la travesía hacia la integridad sexual.

Comenzamos por abandonar el fatalismo y la pasividad y la autocompasión que ésta engendra.

  1. Luego, nos alineamos con la verdad de nuestro destino: “Yo soy creado para ser un buen don. Me rehúso a construir una identidad social en torno a mi AMS”. Todas las personas tienen el derecho de elegir si crearán o no un “Yo” basado en las atracciones no deseadas.
  2. Nosotros podemos elegir participar en cualquier número de oportunidades sanadoras que identifican los obstáculos para el crecimiento y nos respaldan en la toma de buenas decisiones que se alinean con nuestros objetivos. Maximiza la participación saludable de la iglesia y una gran cantidad de opciones grupales y terapéuticas. (NARTH, Restored Hope Network, Teología del Cuerpo, Ministerios de Atención Pastoral, Courage, Ministerio Desert Stream/Aguas Vivas).
  3. “Sintiendo y Tratando”: Deja que tu AMS se convierta en una ventana para el buen trabajo duro que tú puedes hacer para entender lo que significan estos deseos: conectar los puntos entre las necesidades y los sentimientos emocionales, y transformar la amenaza de volver a caer, en la gracia necesaria para seguir adelante hacia un terreno más seguro.

El cambio es difícil. Es por eso que escogemos el fatalismo. El “Nacer Así” nos da un ‘pase’, pero no satisface los deseos más profundos de nuestro corazón. Nosotros nacimos para convertirnos en lo que somos, hombres y mujeres cuyos mismos cuerpos dan testimonio de la verdad y la belleza por las cuales sufrimos y a las cuales podemos aspirar.

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