Casa > aguas vivas > El Agua Busca el Terreno Más Bajo

“Antes que me llamen, Yo les responderé” (Is. 65:24).

¿Sabemos siquiera lo que necesitamos?  Justo antes de la Cuaresma, yo confesé síntomas de carencia —arrebatos, intemperancia en los alimentos y las bebidas, malos juicios— pero no podía nombrar mi necesidad.  Jesús lo sabe.  Y Él provee para ti y para mí durante la Cuaresma: 40 días en los que podemos estar tranquilos y permitir que Él nos ame, que nos provea.  El desierto expone profundidades vírgenes del alma que sólo el agua viva puede alcanzar.  Su agua —nada menos que la Misericordia misma— busca el terreno más bajo en nosotros.

Una mañana de la semana pasada, ante la imagen de la Divina Misericordia, los ojos de mi corazón vieron una pequeña corriente entrando en un agujero en mi “terreno”.  Se derramó por minutos: 5, 10, 15, 20.  Recibí en vez de analizar.  La tierra reseca se satura lentamente.  Su Misericordia necesitó tiempo para llenar esta cavidad seca, fuera lo que fuera.  Cuando pude ver que el agua “llenaba” la cisterna, me levanté renovado.   

Después, noté que mi perspectiva era más tranquila, más generosa.  Annette necesitaba resolver algunas cosas complicadas conmigo.  Yo tenía mucho más que hacer.  Sin embargo, algo había cambiado en mí, y estaba feliz de escucharla y pensar en lo que debíamos hacer.  Posteriormente, inicié algunos planes futuros que poseían muchas variables fuera de mi control —es decir, el momento y la voluntad de muchos otros.  Que así sea.  La vida en el desierto es calurosa pero expansiva.  La espera es tolerable por la corriente de la vida.  El agua busca nuestro terreno más bajo.

Nosotros acogemos la misericordia para extender misericordia.  Acabo de leer que 1 de cada 6 personas entre las edades de 18 y 22 años se identifican como algo más que heterosexual (por favor incluyan el estudio).  La fluidez está ahora en nuestra agua y aire.  La cultura del porno virtual ha quemado los límites y borrado la vergüenza.  Preparados para anhelar la carne de todo tipo, los deseos alienados de una generación se vuelven conocidos, parte de la diversión.  Pero dejar de sentir vergüenza no significa que estemos menos heridos.  Al igual que la lepra, es posible que no sintamos la quemadura, pero aun así nos arde.  La degeneración requiere nada menos que el río que se adentra en nuestro desierto y cubre nuestra desnudez con amor santo.  El agua busca el terreno más bajo.

La mayoría de nosotros sufrimos cuando los seres queridos se vuelven extraños, nos acusan de abuso por no celebrar su fluidez.  Por ellos clamamos: “¡Abre los ojos de sus corazones, Señor!’ Pero solo podemos hacerlo por amor si primero abrimos nuestras cavidades a Jesús —nuestros lamentos, culpa, lucha, fracasos, vacío, hipocresías piadosas, “sueños” de familia.  Que Tus aguas misericordiosas encuentren nuestro terreno más bajo, Jesús.   

‘Su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan’ (Mt. 6:8).

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