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El Esplendor del Reino 3 –

“La fe en la Presencia real del Señor y Su poder transformador lo decide todo.  Si esta fe es firme, la doctrina de la Iglesia acerca de la sexualidad humana será comprensible e igualmente firme.  Si ésta se evapora, entonces el arrepentimiento, la conversión, la gracia y la santificación se evaporan con ella”.  Dr. Stephen Oster

Yo volví a visitar el Cañón Malibú para nuestra tercera Capacitación Aguas Vivas en la costa oeste y de inmediato descubrí esa “evaporación” de la que Oster describe: una iglesia tan secada por los vientos de las libertades sexuales que incluso los fieles se vuelven frágiles e inseguros en cuanto al poder de Jesús para reintegrar a las personas divididas por los matrimonios quebrantados y la ideología LGBT+.  En palabras del Arzobispo Chaput, nuestra simpatía para con el mundo ha “blanqueado nuestras convicciones y ha apagado nuestro anhelo de lo sobrenatural”.

La convicción y el poder de sanación van de la mano.  Aquéllos que pierden de vista lo mejor de Dios para con la humanidad en el ámbito sexual, lo cual es nada menos que la castidad para cada ser humano (ya sea un macho pachanguero o una mujer que busca convertirse en uno), pierden la autoridad espiritual.  Nosotros necesitamos despertar una vez más las buenas nuevas de que Jesús tiene el poder para transformar a los pecadores en todo el espectro de los pecados contra la castidad.  La verdad y el poder del Reino no pueden separarse.  La Iglesia que se aferra a ambos sufrirá persecución.  Pero en su aflicción ella derramará profundas corrientes de “agua viva” para los que mueren de sed.  La que se rinde ante la cultura se secará y volverá al polvo.

Afortunadamente, yo descubrí comunidades de Jesús a lo largo de la Costa Oeste que están cavando pozos profundos de “agua viva” a través de laicos empoderados cuyas debilidades morales se han convertido en fortalezas.  Integrados con sus pastores (varios que estuvieron presentes con nosotros) y un compromiso comunitario para convertirse en “ciudades de refugio” para los quebrantados, estas iglesias son modelos de transformación moral.

Yo quiero destacar una en particular.  Harvest Rock (también conocido como HRock) en Pasadena, California tiene un equipo pastoral muy consciente de la crisis en la integridad sexual y de género en la actualidad.  Ellos no solo predican y enseñan bien sobre el tema, sino que brindan un cuidado pastoral profundo para los fieles quebrantados.  Aquéllos que están siendo restaurados luego acompañan a otros que buscan el camino de Jesús.  Me encanta la gama de problemas relacionales que este equipo representa, desde la atracción hacia personas del mismo sexo hasta la infidelidad conyugal y el trauma sexual.  Ellos combinan el compromiso con la autoridad sanadora de Jesús con el llamado al arrepentimiento para todos los que han violado el llamado de Jesús a la pureza de corazón.  Y su equipo, algunos con quienes me he fotografiado en este blog, son una delicia.  Entrar en su experiencia cada vez más profunda de Aguas Vivas es una oportunidad gozosa de transformación.  Yo los cuento como un modelo de lo que la Iglesia necesita hoy en día si ella avanza con un torrente sanador.  Sin un esfuerzo concertado para unirse en la verdad y el poder transformador, ella será secada por los vientos secos, el zumbido de las personas que han perdido la fe y que ahora “evangelizan” a la Iglesia con falsas libertades.

Entonces preparen a la Iglesia.  Permitan que los pastores comisionen a los laicos empoderados para que sean capacitados y liberados para acompañar a los quebrantados hacia las “aguas” del amor transformador de Jesús.  El Arzobispo Allen H. Vigneron de Detroit escribió un llamado entusiasta e integral a su diócesis para que se convierta en una comunidad del poder transformador del Evangelio.  Los dejo con una cita de esta carta pastoral titulada “Desatar el Evangelio”:

“El desencadenamiento del Evangelio no es algo que hacemos individualmente, sino una tarea comunitaria, una obra de todo el cuerpo místico de Cristo al que pertenecemos.  Si vivimos como una banda de discípulos misioneros gozosos, nuestra vida comunitaria es en sí misma una prueba del poder del Evangelio”.

 

 

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