Casa > aguas vivas > El Mejor Grupo de Todos

No es broma.  Después de 40 años de dirigir grupos de Aguas Vivas, acabo de terminar con el mejor de todos.  Estas veinte semanas transcurrieron como un sueño.  De acuerdo, atribuyámoselo a los extraordinarios co-líderes (Marco y Becky) y la inspirada adoración (Abbey cantando al piano mientras nos inclinábamos ante el Tabernáculo y la Divina Misericordia). 

Quizás la diversidad tuvo algo que ver con eso.  Yo dirigí uno de los muchos grupos pequeños junto con mi co-líder de IHOP; nosotros acompañamos a un líder laico Reformado, un sacerdote, un terapeuta y otros dos católicos —algunos miembros eran solteros, otros casados, varios tipos de lujuria— todos unidos en nuestro compromiso de convertirnos en dones castos.  Increíble.

Quizás fue el equipo.  Después de haber conformado el grupo en mi parroquia durante seis años, estamos ganando terreno con líderes laicos que emergen del grupo quienes ahora sirven a otras personas.  En cada enseñanza, teníamos a un hombre y una mujer intercambiando reflexiones bien afinadas y encarnadas.  La imagen de Dios en la humanidad —quebrantada, siendo sanada, esperanzada— desplegada ante nosotros cada semana.  Me convenció nuevamente de que los líderes laicos, debidamente equipados, son los mejores testigos y expositores (prácticos) de la redención.

El objetivo y el vértice de Aguas Vivas: restaurar el honor entre mujeres y hombres.  Admitimos la disminución en nuestro don de género debido a la forma cómo nos lastimamos mutuamente.  Perpetradores y víctimas todos: aún así, las mujeres sufrieron más heridas, y fue humillante el ser testigos de estas mujeres y madres atrevidas, de carrera efectiva llorar ante la Cruz mientras Jesús tenía acceso al daño causado por los pecados de la misoginia.  Nosotros los hombres nos retorcimos, sujetos a la buena vergüenza por nuestras lujurias misóginas y narcisismo; también estuvimos sometidos a la vergüenza tóxica, la cual nos atormenta con un odio hacia nosotros mismos y nos tienta a hacer de las mujeres el problema.  En la Cruz, Jesús nos recibió y ató nuestra vergüenza, así como la misandria: las formas más sutiles en que las mujeres nos deshonran. 

Cosas pesadas.  Imposible sin Jesús entre nosotros.  La cruz es suficiente.  Cuando pasamos por alto a Jesús en las guerras de género, sólo podemos buscar controlar o ser controlados.  Dóciles ante Jesús, a través de la Cruz, nosotros expresamos bendiciones específicas sobre esta “otra persona” a quien Dios hizo distinta a nosotros.  Él nos está enseñando a través de la Cruz a amarnos unos a otros, a honrar Su imagen íntegra. 

En la última reunión, durante la oración del equipo, muchos de nosotros —cansados y distraídos por las exigencias del día— nos preguntamos: “¿Qué tengo para dar esta noche?”  Yo recibí una imagen de un manto dorado sobre nosotros.  Pude ver la unción de Aguas Vivas descansando sobre la parroquia y sobre nosotros; unificados, nosotros como equipo estábamos extendiendo ese manto.  Sentí que el Señor nos susurraba: “Sólo entren en Mi obra esta noche.  Es Mía.  Yo me deleito en darles una pequeña participación en la preparación de un pueblo para Mí mismo”.  Con eso, nosotros descansamos y seguimos adelante en una noche intensa.  Recordamos que la obra era Suya y estábamos agradecidos por ser partícipes de ella.  Francamente, no puedo esperar para comenzar de nuevo.

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