Casa > Blog De Andrew > Emboscados, Parte 2

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“Fuerte es el amor, como la muerte… Como llama divina es el fuego ardiente del amor” (Cant 8:6).

Indignante: Wisconsin acaba de convertirse en el estado número 27 en redefinir el matrimonio, el periódico The New York Times dedica toda su sección de viajes para los trotamundos “gay” presentando anuncios sexy e itinerarios para aventuras “familiares”, y un popular programa de televisión en horario estelar (8pm) comienza con dos mujeres teniendo sexo y luego exponiendo estúpidamente la gloria de sexo oral y las partes del cuerpo femenino.

Al igual que ustedes, yo me siento tentado a la repulsión y la actitud defensiva. No podemos detenernos allí. Eso es precisamente lo que quiere el enemigo de nuestras almas: que los fieles se refugien en el arca, fortalezcan sus muros, y que con suficiencia esperen el juicio sobre la nueva Sodoma que nos rodea.

¿Nos hemos olvidado? Estamos llamados a ser las mismas manos y el corazón del siervo Jesús quien “no alzó su voz por las calles ni apagó la mecha que apenas arde” (Is 42: 2, 3). Él nos prometió hacer “un pacto para el pueblo, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas” (vs. 6, 7). Nuestro desafío: permitir que la perversión nos provoque. Debemos abandonar el desdén por los cautivos y actuar en oración por su liberación. ¿Finalmente nos convertiremos en la comunidad que lucha por la dignidad de todos y que con tierno corazón acoge los corazones oscurecidos y los conduce hacia la luz de la Iglesia?

Yo recuerdo a unos manifestantes homosexuales que irrumpieron en una de nuestras conferencias en Londres con tácticas atemorizantes indignantes. Pero la bondad de nuestra respuesta inspiró a uno de los siete activistas a regresar a esa congregación donde, con el tiempo, se convirtió. Su esposa y sus hijos están agradecidos por la poderosa bondad de esa parroquia. Karen entró en los brazos envolventes de una congregación amorosa una noche en el centro de Denver. Ella estaba drogada, junto a su amante lesbiana, y desesperada por Jesús. El abuso sexual continuo de parte de un amigo de sus padres compitió con una educación cristiana conservadora. Por un milagro de la gracia, ella todavía quería a Jesús.

El poder del Espíritu Santo descendió sobre ella esa noche, le aclaró la mente, y la impulsó a volver a esa iglesia. Jesús ganó su corazón a través del grupo Aguas Vivas que acababa de comenzar allí y el amor de apoyo de muchos miembros de la congregación. Su amante la abandonó cuando quedó claro de que Jesús se había convertido en su principal pasión. Ella sigue sirviéndole fielmente hasta el día de hoy, y espera con impaciencia Su regreso.

¿Seremos nosotros la Iglesia que transmite ese amor? Empecemos bajando nuestros brazos y abriendo nuestros corazones a los quebrantados. Ayer corrí un medio maratón y francamente me molestó un hombre identificado como gay que llevaba poco más que tatuajes y piercings; parecía un buen corredor y saltaba como lagartija pero a mitad de camino tambaleó, como si estuviera angustiado, y luego volvió a comenzar. Me lo encontré en el estacionamiento y quise girar hacia otro lado. El Espíritu me convenció: “Si no fuera por Mi misericordia, no sólo estarías excluido de esta carrera, estarías en el infierno”. Mi corazón se llenó de misericordia por este hombre colorido e inicié una conversación compasiva con él con respecto a su bienestar.

Dios se preocupa por él. Dios lucha por él con tierno amor. ¿Seremos nosotros esa comunidad que lucha con amor por la dignidad de los oprimidos, especialmente aquéllos que navegan por la ola del engaño de nuestra cultura? Oren conmigo para que veamos y oremos y sintamos y digamos el amor urgente que es la única esperanza de liberación de un alma.

“No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien”      (Romanos 12:21)

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