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Esperanza

La Cuaresma comienza con la esperanza.  Nosotros comenzamos con Jesús, el fundamento de la esperanza.  Nosotros podemos llevar la marca, una pequeña cruz en la frente, porque Él ha ido delante de nosotros y nos preparó un camino por dónde caminar.  Su Cruz abre nuestro camino y nos da la esperanza para caminar más y más plenamente en Su mejor intención para con nuestras vidas.  ¡Que estos días de Cuaresma aclaren esa esperanza y aceleren nuestro paso hacia todo lo que Jesús quiere para nosotros!

La esperanza es una virtud, una de las siete en las que me enfocaré a medida que caminemos juntos esta Cuaresma.  En palabras de Josef Pieper, una virtud es “lo más que un hombre puede ser”.  (Todas mis referencias aquí mencionadas están contenidas en su sublime libro “Sobre la Esperanza”, Ignatius Press).  Convertirse en virtuoso nos une con nuestro verdadero Yo (la naturaleza humana como Dios la diseñó) y nos prepara para la eternidad con Él.

Yo digo “convertirse en virtuoso” porque nosotros integramos estas cualidades en el transcurso de la vida.  ¡Prepárense, gente; éste es un largo “camino de cruz”!  La esperanza ilumina el camino.  El radiante Jesús nos entrega un sendero bien iluminado pero también va delante de nosotros y nunca está completamente a nuestro alcance.  ¡Me encanta!  Él nos mantiene alcanzando.  Jesús anhela cumplir nuestra esperanza.  Pero ese cumplimiento sólo llega cuando lo vemos a Él cara a cara.  Entonces desaparece.  La esperanza deja de ser cuando se realiza en plena unión conyugal con Él.

Mientras tanto, tomamos en serio las palabras de San Pablo.  “Sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.  No pienso que yo mismo lo haya logrado ya.  Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta…” (Fil 3: 13, 14).  Esa meta involucra todo lo que Dios tiene para nosotros y quiere lograr a través de nosotros.  ¡La esperanza nos libera para aspirar a más! ¡Aleluya!

La esperanza nos invita a arrepentirnos rápidamente de la pesadez que reposa sobre nosotros como sedimentos en un mundo contaminado y nos tienta a conformarnos con el status quo.  ¡No, Señor! ¡Debe haber más cosas que aún tengo que comprender acerca de Tu buena y perfecta voluntad para mi vida!”  La esperanza despierta una expectación robusta por las maravillas que nuestro Padre nos tiene reservadas para nosotros.

Y la esperanza nos otorga la humildad para reconocer que aún no nos hemos apoderado de todas las maravillas.  Nuestra visión todavía es deficiente, nuestra sanación todavía no está completa, los dones que somos permanecen como obras maestras astilladas que cortan a otros y aún pueden colapsar si no permanecemos arraigados en Jesús.  Me encanta la mayoría de los escritos de Pieper.  Su comprensión de la esperanza nos guía en el estrecho camino entre la presunción y la desesperación.

Esta Cuaresma, siento que lo que me mantiene sobrio es la dura verdad de que a menos que permanezcamos en el camino de la esperanza, podemos perderlo todo.  Todos conocemos a mujeres y hombres buenos que han perdido el Camino y que están arrastrando a otros con ellos.  Nunca nos hemos enfrentado a una fuerza tan poderosa para construir nuestra propia identidad y satisfacción sexual lejos de Jesús.  ¿Puedo pedirles que se unan conmigo en esta Cuaresma para orar por un temor piadoso basado en la verdad de que nosotros también podríamos perdernos en la ilusión?  Que la luz de la esperanza revele cada pequeño consuelo que apaga nuestra esperanza en Jesús.  Que esta Cuaresma nos conceda el espacio sagrado para “soltar” el pecado para que así podamos “absorber” más de Él y Su gloriosa voluntad para con nuestras vidas.

 

 

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