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El Crucificado reunió a las naciones la semana pasada en Kansas City; bajo el torrente de Su Divina Misericordia, nosotros lloramos con gozo.  Éxtasis.  No hay mejor manera de describir a los 80 líderes de Aguas Vivas que se reunieron en torno a Su entrega para ofrecerse mejor a los demás.   

El don de Jesús para nosotros en el Calvario se define con precisión como “extático”: su raíz griega significa “salir de uno mismo”.  La muerte de Jesús liberó un río de sangre y agua.  Su fuente de vida lo abandonó y se convirtió en la fuente de nuestras vidas, el poder transformador que nos convierte en nuevas criaturas.  Juntos, Su don extático nos une como un solo Cuerpo.  En la cruz, Jesús nos hizo Su novia.  Se podría decir que Él consumó esa unión por nosotros a través del amor extático que creció en el Calvario. 

Andrew con amigo Guayana Francesa

Dios nos recordó de esa consumación en la Fiesta de San Agustín de la semana pasada, quien escribió: “Este segundo Adán [Jesús] inclinó Su cabeza y se durmió en la cruz, para que se pudiera formar una compañera para Él a partir de lo que fluyó del costado durmiente…  ¿Qué puede ser más puro que esa sangre? ¿Qué más salud da que dicha herida?”

Nosotros necesitábamos la sanación de Su herida extática, la purificación y reparación de nuestras heridas.  Muchas tribus y lenguas se unieron —una diversidad de edades, tradiciones culturales, antecedentes económicos y educativos.  Lo más obvio fue la división entre Protestantes y Católicos.  Muchos de nuestros líderes de países ferozmente Católicos apenas conocen a los Protestantes; y la amplia gama de estos últimos— desde Anglicanos hasta Pentecostales— ¡tienen una gama igualmente diversa de opiniones sobre los Católicos!

Nuestras heridas son un gran elemento nivelador.  Un sacerdote entre nosotros compartió con dignidad el abuso sexual que sufrió por parte de un mentor a temprana edad; él acogió un derroche extático de parte de los evangélicos que lo amaron bien a través de una variedad de dones espirituales.  Ofrecer humildemente nuestras heridas a Jesús a través de Sus miembros invita a un rico intercambio de amor extático que disuelve algunas de nuestras divisiones colectivas.  Éxtasis.

Personalmente, cada uno de nosotros presentó nuestros pecados contra la castidad —tan diversos como nuestras tradiciones cristianas.  Nosotros estamos unidos en la convicción de que el segundo Adán siempre nos señala al primer Adán (Mt 19: 4-6); al mismo tiempo, Jesús nos señala hacia adelante a la gloriosa redención de nuestros cuerpos, radiantes en completa consumación con nuestro Novio.  Nosotros ahora vivimos “en el medio” de los tiempos: aunque estamos seguros del diseño —los dones complementarios extáticos que Dios creó a partir de la costilla de Adán— también estamos claros sobre el caos originado por el pecado en nuestros esfuerzos frustrados y quebrantados de “salir de nosotros mismos”.  Nosotros lo hemos hecho de manera lamentable; nosotros, bañados en amor extático, evaluamos el daño hecho: adulterio, abuso, adicción, AMS, autorechazo de género, matrimonios destrozados, personas tentadas por la amargura debido a la traición y luego soledad prolongada, no deseada.

Muchas diferentes divisiones y una sola cura —el Novio consumando el amor con nosotros y liberando el torrente que mantiene nuestro corazón suave y erguido, listo para decir la verdad de los dolores y la vergüenza, pero más que eso, cómo la misericordia extática de nuestro Novio está creciendo, aumentando, sus aguas elevándose en nuestros templos personales (Ezequiel 47) cuando abrimos las puertas y ventanas y permitimos que otros sean testigos de cómo Su bondad amorosa ha destruido el diseño del enemigo para nosotros.

Nuestros corazones dicen la verdad —nosotros en Aguas Vivas somos los primeros en declarar nuestro pecado para que el triunfo de la misericordia se extienda a un hermano o hermana más débil.  ¡Lo hace!  Nosotros nos regocijamos en la lectura de la epístola la semana pasada en la cual San Pablo nos exhorta a abandonar toda inmoralidad sexual ya que dicho pecado explota a nuestras hermanas y hermanos (1ª Tes. 4: 3-8).

Cuán liberador es escuchar la Palabra de Dios e ir con valentía al trono de la gracia, permitiendo que el fuego de la misericordia consuma el engaño de que los actos inmorales están bien si cada parte consiente.  ¡Mentiras que hemos vivido! ¡Ahora sólo queremos edificar, no explotar, al miembro más débil!  Nosotros lloramos mientras Él derramaba misericordia, no juicio, sobre nuestro arrepentimiento colectivo.

A medida que las naciones compartieron el impacto de Aguas Vivas, fue claro que este testigo extático de esperanza en medio de horrendos pecados había desatado un río en todas las iglesias que es imparable.  En vez de vergüenza, los pueblos de la tierra están recibiendo una doble porción de gozo y favor (Is. 61: 7), y “por donde corra este río, ¡todo ser viviente que en él se mueva vivirá!” (Ez. 47: 9).

Su amor extático por nosotros produce éxtasis.  Ahora vivimos para salir de nosotros mismos y preparar una Novia más robusta y pura para Aquél que lo entregó todo para ganarnos.  No hay otra forma de vivir.  No hay otra forma en que queremos vivir.  Su amor extático es mejor que cualquier otra forma de vida.

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