Casa > aguas vivas > Forjando Padres Jóvenes: Apuntalando Los Cimientos

Marco Casanova y Andrew Comiskey

¿La mejor manera de evitar el colapso moral de los pastores?  Capacitarlos para crecer en la castidad robusta.

Debe ser evidente desde el principio que un hombre joven que busca el sacerdocio/pastorado se compromete con Dios y con los demás de una manera consistente en cuanto a su sexualidad.  Eso significa que el candidato está integrando sus poderes masculinos de vida y amor con su compromiso cristiano.  Abierto y consciente, él está permitiendo que sus pasiones sean ordenadas por la Pasión de Aquél.  Se podría decir que él vive en la convergencia de dos corrientes: el flujo vital de la sangre y el agua de Jesús y su propia corriente de deseo más problemática.  Esta última está sujeta al desorden, el cual engancha o empaña las aguas.

Yo, Marco Casanova, encontré a Aguas Vivas como candidato del sacerdocio católico.  Ahora, como Subdirector del Ministerio Desert Stream, veo claramente la importancia de apuntalar los cimientos de nuestros futuros “padres”.  Dicho trabajo es esencial para la salud del Cuerpo, la Iglesia.

Entrar en la luz como seminarista no es una tarea fácil.  Sin embargo, las implicaciones me liberaron.  El Espíritu de Dios me puso en un flujo que era inspirado y nuevo.  Yo he estado reflexionando sobre Ezequiel 47.  La corriente del Templo “entró en las aguas estancadas…  haciéndolas frescas” (Ez 47: 8).  El flujo de la sangre y el agua de Jesús agitaron el llamado estancado del Edén en mi vida, del cual yo había asumido la excepción.  Me sentía inmovilizado por la atracción hacia el mismo sexo.  Me faltaba algo profundamente humano.  Rayos, incluso el Hijo de Dios “trabajó con manos humanas…  pensó con una mente humana, actuó por elección humana y amó con un corazón humano”[1].  Yo quería amar de una manera humana, eso estaba ordenado y en el flujo del plan del Padre.  Dicho plan está escrito en mí.  Está escrito en todos nosotros, de acuerdo a El Edén.  ¡Yo llegué tarde al jardín!  Está bien; el Salvador vino por personas como éstas.

Yo tengo mucho respeto por el buen Rector del Seminario Kenrick-Glennon, el Padre James Mason y su miembro del equipo de formación humana —la Psicóloga Dra. Susan Harvath[2].  Su fuerza vital de formar hombres se basa en una tesis sencilla: “¡Revélate!”  Para ellos, la mayor parte de la preparación necesaria es darse cuenta de una especie de “madurez afectiva”: asegurarse de que estos hombres jóvenes estén vivos para su desarrollo como hombres y muestren evidencia de un deseo normal y una buena acción moral mediante la cual ellos guíen bien esas “aguas”.  Ellos desafían deliberadamente cualquier forma en que los hombres jóvenes buscan eludir la difícil tarea de la integración masculina reclamando un llamado “espiritual” cuando en realidad sólo están esquivando el arduo trabajo de crecer.  ¡Increíble!  La formación humana debe tener prioridad sobre el desarrollo místico o intelectual.

Obviamente, los pastores protestantes difieren en que pueden casarse, mientras que los sacerdotes católicos deben demostrar un anhelo saludable por el matrimonio para que su renuncia al mismo por el bien del Reino sea real, no un desvío.  En cualquier caso, los supervisores deben tomar decisiones sobre la disposición de un pastor para ser ordenado con base en la evidencia de crecimiento en la castidad robusta —la madurez para amar a una mujer de manera honorable y, si es necesario, negarse a sí mismos ese amor por el bien del Evangelio.

Vivir en la luz, “revelarme”, ha sido la receta de mi libertad.  Yo quería ser sacerdote la mayor parte de mi vida.  Esa era una aspiración que yo mantenía profundamente.  Fue una búsqueda en la que indudablemente encontré a Jesús.  Cuando sentí una fuerte aversión a incluso cuestionarme el hecho de convertirme en sacerdote, supe que algo necesitaba ser rebatido.  Si yo no era libre de soltar el deseo de convertirme en sacerdote, no era libre de decir que sí a éste.  Dejar el seminario no es lo peor del mundo.  Abandonar el amor humano basado en una exención desordenada es de hecho peor, no sólo para la Iglesia, sino también para el hombre.  Le roba algo profundamente humano, algo esencial para cualquier padre, biológico o espiritual.  El llamado al sacerdocio célibe es un llamado alto.  Por lo tanto, exige una interiorización profunda en cualquier futuro sacerdote.  Rebusca ahora.  No pierdas un día.


[1] Gaudium et Spes, no. 22.

[2] Susanne Harvath, Paul Hoesing, Ed Hogan, y Jim Mason, Formación en el Seminario y Atracción Transitoria al Mismo Sexo: Una Propuesta (St. Louis: Kenrick-Glennon Seminary, 2019).

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