Casa > aguas vivas > Freud de Doble Filo

Yo, por mi parte, estoy agradecido por los terapeutas centrados en Cristo.  ¿Quién más puede cuidarnos como un pastor, sintonizarse con nosotros como un padre y ayudarnos a desbloquear los pasajes en nosotros que frustran el amor?  La semana pasada tuve el honor de dirigirme a la Asociación Católica de Psicoterapeutas, más para agradecer la ayuda que he recibido de estos sanadores que un tributo a mis habilidades terapéuticas.

Desafortundamente, muchos cristianos evitan la “terapia” por considerarla una tontería freudiana y atea.  El excepcional libro “El Ascenso y Triunfo del Yo Moderno” de Carl Trueman parecería respaldar tal puñalada contra el instigador vienés de la psicología moderna; Trueman coloca a Freud directamente en el centro de su caso de cómo la identidad sexual se politizó, lo que resultó en nuestra respuesta taciturna a las “identidades de género”.

Trueman cita a dos intérpretes de Freud —Reich y Marcuse— quienes dotaron la visión del buen médico sobre el desarrollo infantil con el mandato de Marx de “el pequeño” para derrocar a los opresores económicos.  Eso significaba deshacerse de la clase media y sus tontas estructuras morales como la monogamia.  Trueman afirma que este “matrimonio” intelectual de Freud y Marx empodera nuestro colapso transgénero hoy en día.  Otra historia.

Si bien la mayoría de los terapeutas de hoy en día rechazarían gran parte de la ortodoxia de Freud, especialmente su visión excesivamente sexual de nuestro desarrollo, todos los buenos sanadores del alma se fundamentan en su genio: que el hombre dio vista y lenguaje a nuestros conflictos más profundos, hábitos complejos del corazón.  A la luz de los cuidadores amorosos no críticos, podemos comenzar a ver y sentir lo que debemos, desenredarnos de los falsos apegos y comenzar a tomar buenas decisiones difíciles para crecer en el amor.  En vez de dejarnos llevar por los demonios, tomamos el mando.  Para mí, esto es un don puro —la Divina Misericordia.  Dada una visión sólida de quiénes Dios nos hizo para que nos convirtiéramos, un psicoterapeuta sólido es un regalo del cielo.

En las manos adecuadas, aspectos de Freud que parecen malditos se convierten en nuestra cura.  Los cariñosos y piadosos intérpretes post-freudianos (dejar a un lado a Reich y Marcuse, y dar paso a Laura Haynes, Elizabeth Moberly, Joseph Nicolosi y muchos más) han trabajado durante décadas para recuperar a Freud de la fijación genital y aplicar su comprensión de los mecanismos de defensa a por qué dejamos de recibir (y crecer a partir de) el amor que necesitamos.  En vez de erotizar nuestra realidad, los neo-freudianos capaces nos ayudan a encontrar la base sólida de las necesidades emocionales que subyacen al desarrollo sexual.

Esta paradoja importa: la erotización de la realidad de Freud da paso al entendimiento de los bloqueos reales a la comprensión del amor que necesitamos.  La terapia se convierte en una “experiencia emocional correctiva” que nos libera de nuestras fijaciones genitales y nos ayuda a dirigir nuestras energías de manera constructiva.

Muy útil para mí al ver la fuente de la atracción hacia personas del mismo sexo y la continuidad de la disforia de género.  En este punto, las necesidades emocionales no satisfechas se enmascaran como “identidades de género”.  Moberly escribe: “El desapego defensivo… es visto como causante tanto del transexualismo como de la homosexualidad.  En ambos casos, el proceso normal de recibir amor y, por tanto identificarse con, una fuente de amor paterno del mismo sexo, ha sido bloqueado por un trauma, especialmente en los primeros años de vida.  Las estructuras psicodinámicas resultantes del transexualismo y la homosexualidad es la de la ambivalencia del mismo sexo…  el llamado amor “homosexual” en realidad marca el intento de reanudar el proceso de desarrollo normal y, por lo tanto, de satisfacer las necesidades no satisfechas de amor e identificación del mismo sexo”’ (El Psicología del Yo y el Otro).

La terapia se convierte en una rama bendecida para identificar este desapego y asegurar un apego necesario a través del cual se satisfacen las necesidades reales de amor e identificación.  Saludemos a los sanadores de confianza quienes nos ayudan a transformar nuestros desiertos de falsa sexualización en jardines de relaciones fructíferas.

En vez de satanizar a Freud, separamos el trigo de la paja y honrémoslo a él y a sus astutos intérpretes.

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*