Casa > aguas vivas > Fruto del Escandalo

“Ustedes se entristecieron tal como Dios lo quiere… La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte.  Fíjense lo que ha producido en ustedes esta tristeza que proviene de Dios: ¡qué empeño, qué afán por disculparse, qué indignación, qué temor, qué anhelo, qué preocupación, qué disposición para ver que se haga justicia!” (2ª Cor. 7: 9-11).

Al igual que ustedes, yo me esfuerzo por ver algo bueno en medio de todo el mal manejo del abuso sexual por parte de la Iglesia.  Y no estoy seguro si los mandatos que vienen de arriba —incluso los decisivos, de mayor alcance— serán satisfactorios.  Nosotros debemos orar, teniendo en cuenta su exposición; los que esperamos con expectación seremos doblemente bendecidos cuando contemplemos la belleza que emerge de la tierra quebrantada.  Yo me siento doblemente bendecido mientras escribo esto.  Durante un viaje a un estado donde la Iglesia ha sido sacudida por investigaciones criminales, comencé a ver señales de vida.

En primer lugar, el escándalo de abusos sexuales ha provocado un compromiso renovado para una sana comunión entre los sacerdotes.  Yo tuve el privilegio de asistir a un grupo de castidad dirigido por un sacerdote para sacerdotes.  Un puñado de hombres ha forjado vínculos profundos a través de sus diferentes vulnerabilidades —atracción al mismo sexo, tentaciones con la pornografía, inclinaciones a relaciones no castas.  Estos valientes hombres son igualmente diversos en sus estaciones en la vida.  Algunos son jóvenes y recién ordenados, otros en el punto medio, y otros se retiraron.  Todos lideraron humildemente con sus fragilidades y han forjado una fraternidad de misericordia y rendición de cuentas que es gloriosa, libre de competencia y discursos aburridos (también conocido como quejas).  Prevaleció la auténtica atención sintonizada.

Yo fui testigo del fruto de su comunión, ya que había conocido a la mayoría de ellos un par de años antes.  En esta ronda ellos estuvieron más enfocados, más fervientes para asegurar que sus debilidades se conviertan en fortalezas santas; en vez de aislarse con temor, estos hombres están aprendiendo a conectarse con un valor humilde.

En segundo lugar, tuve el honor de conocer a Paul, el Decano de Estudiantes en un seminario importante de ese estado.  Él es extraordinario —abierto, humilde, santo.  Y agradecido de que el seminario esté floreciendo, ya que la clase de este año es la más grande en veinte años.  En medio del escándalo, hombres jóvenes sólidos están siendo convocados por Dios para convertirse en un nuevo estándar de integridad.

Paul y su equipo tienen mucho que ver con eso.  Entre las principales prioridades del seminario está promover una cultura de transparencia.  Los mentores están activando a los propios estudiantes para establecer diversos grupos pequeños en los cuales los compañeros se instan mutuamente a una santa entrega de sí mismos.  Yo le pregunté a Paul si un estudiante “identificado como homosexual” podría asistir al seminario.  “Sus hermanos nunca lo dejarían salirse con la suya.  Tendría que perder la reputación “homosexual” y encarrillarse hacia la integración como todos los demás”.  Impresionante.

Paul continuó: “Nosotros trabajamos especialmente fuerte para discernir la madurez emocional de los estudiantes, para asegurarnos de que están madurando en su capacidad de formar relaciones sanas tanto con hombres como con mujeres.  Ellos necesitan luchar con lo que significa hacer un compromiso fructífero con el celibato.  Eso puede significar tomar un descanso del seminario a fin de descubrir lo que realmente quieren.  El seminario debe ser un lugar donde la gente va y viene.  Nosotros oramos para que algunos regresen y sean más capaces de decir “sí” a Dios de una manera saludable y fructífera que perdure”.

En lo que Paul hizo énfasis fue que el seminario no se trata solo de individuos que disciernen un compromiso de por vida con la Iglesia, sino también de la Iglesia que discierne un compromiso de por vida con ellos.

Por primera vez, yo fui testigo del fruto del escándalo.  A partir de la tragedia del abuso sexual, una Iglesia arrepentida está emergiendo.  Ella está a la vez triste por su pecado y celosa por glorificar a Jesús, cada miembro haciendo su parte para convertirse en una novia casta.

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