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“Sal de la quietud de la contemplación y da valientemente testimonio de Mi verdad”

(Jesús a Santa Catalina de Siena)

La venida de Cristo en la Navidad sólo puede ser recibida, atesorada, contemplada; manifestar el Divino Niño en todo el Año Nuevo requiere de toda la valentía y la fortaleza que tenemos.

Nunca antes Su epifanía, o manifestación, ha sido más urgente. La batalla entre Cristo y el anti-Cristo en la forma de reconstrucción de género ha estallado a la luz pública. (Recientemente leí un artículo escrito por el popular líder Católico Richard Rohr quien dijo: “El Yo del género es el falso Yo”. ¿En serio?) ¡Llamando a todas las lámparas radiantes y brillantes que pueden dar testimonio de las glorias de Jesús y Su Iglesia –cómo Su comunidad les liberó para reanudar la travesía hacia la integridad! El Espíritu les está convocando a manifestar la Misericordia Todopoderosa de Jesús en medio del caos en cuestión.

Reflexionando sobre el año 2014, yo puedo dar testimonio del aumento de la oscuridad sobre la imagen de Dios en la humanidad, pero también de la mayor gracia necesaria para mantenerse como Su remanente reluciente. Me refiero no sólo a las personas con atracción hacia el mismo sexo, sino a todos los hombres y mujeres quemados por la lujuria en quienes Jesús ha reclamado un auténtico deseo. A lo largo de un año marcado por muchos obstáculos, Jesús me recordó las palabras de Esdras: “Dios nos ha mostrado Su bondad al dejarnos un remanente y establecer un lugar santo para nosotros… Dios nos ha dado nueva vida para reedificar la casa de Dios y reparar sus ruinas, y nos has brindado Su protección” (Esdras 9: 8, 9)

¡Nueva vida para reconstruir Su casa! ¡Verdaderamente ésta es la temporada de la Iglesia! Él brilla sobre hombres y mujeres de iglesia que aman nada más que liberar las corrientes del agua viva entre los fieles a través de la palabra de su testimonio y reunirse juntos para hacer un camino para que los demás conozcan Su verdad liberadora.

Eso requiere de fortaleza, la virtud de “la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien”. Jesús mismo forja esa virtud en nosotros cuando decimos “sí” a lo que Él ama en medio de miles de falsedades. Por un lado, Annette y yo nunca antes hemos tenido tantas presiones; por el otro, experimentamos la verdad de que “soportar las dificultades, no la liberación ni la evitación de éstas, constituye el momento supremo del poder de Dios”.

Muchas dificultades, más poder. Nuestro resplandor como simples reflectores de Su Misericordia requiere que pasemos por adversidades. Cuando el camino se estrecha, nos desesperamos por estar más cerca de Él, nuestros límites son eclipsados una y otra vez por Su sobreabundancia. Vivimos por Él y a través de Él. Nuestro humilde arbusto se consume, pero es Dios que arde en nosotros, Aquél que no puede ser extinguido y quien a través de nosotros reivindicará Su gloriosa imagen sobre la tierra. “Si nos mantenemos firmes, nos salvaremos” (Lc 21:19), y ayudaremos a otros a hacer lo mismo.

“Esperemos y veamos es un dicho peligroso.¿Quién sabe si estaremos aquí el día de mañana?Seguramente el Salvador estará allí, pero ¿y nosotros?La vida no es una luz que puede ser encendida de nuevo.¡La vida es un fuego dado por Dios para que arda en la tierra sólo una vez y nunca más! Queridos amigos, pongamos atención, no sea que nos perdamos la hora de este fuego aquí y ahora. ¡O que hoy escuchemos Su voz y no escuchemos nuestros corazones!”

Karl Barth

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