Casa > aguas vivas > He Aquí la Farsa

“Tú eres la verdad que presides todas las cosas.  Pero en mi avaricia, yo no estaba dispuesto a perderte, y quería tenerte al mismo tiempo que me aferraba a una mentira…  Por eso es que te perdí: Pues Tú no admites ser poseído junto a la mentira”. – San Agustín

Nosotros nos reunimos en Palm Springs el fin de semana pasado para celebrar al Cordero —Aquél que se convirtió en agua viva por nosotros en el desierto del quebrantamiento sexual.  Años atrás, muchos de nosotros habíamos frecuentado este lugar de diversión en busca de todo lo “gay”; huimos al desierto desde nuestros suburbios de Los Ángeles para sumergirnos en estanques brillantes y tóxicos.  Ahora contemplamos al Cordero e invitamos a otros a hacer lo mismo.  La maravillosa Iglesia Luterana que nos patrocinó tiene una enorme cruz exterior que emerge de una fuente de roca.  Entramos en esas aguas y fuimos salvos.  De nuevo.

Con un 75% de población LGBT+, Palm Springs se enorgullece de tener un Ayuntamiento compuesto únicamente por miembros LGBT+.  Nosotros abrimos nuestras puertas a todos los que tienen sed.  La Cruz y fuente aguardan, ¡justo en el medio del centro de la ciudad! 

Algunas personas allí me preguntaron sobre el Padre James Martin quien también busca ser un puente entre los católicos LGBT+ y la Iglesia.  Él recientemente tuvo un encuentro con el Papa Francisco quien Martin afirmó que apoyaba totalmente su iniciativa “para ofrecer a este grupo más marginado de la Iglesia la acogida, inclusión y amor”. 

Primero, lo que me gusta acerca de Padre James Martin.

Él nos recuerda que muchas personas que se identifican como LGBT+ son católicos bautizados.  Eso debería alentar a todos los familiares y amigos a orar: “¡Despierten a cada uno a la verdad de su condición como hijo(a) del Padre, profundamente amado(a)!”

Él señala que las personas que se ocultan en su propia sexualidad dividida pueden tender a satanizar a las personas que “salen del closet y están orgullosas”: “¡Quita la viga de nuestros propios ojos, oh Dios, para que podamos ver la astilla en nuestros seres queridos!”

Él también subraya el llamado del Papa Francisco para acompañar a las personas LGBT+ con paciencia y misericordia.  Estamos tratando con personas —no “asuntos” abstractos— que necesitan nuestra presencia a largo plazo.

Pero el recordatorio de Martin de que todos somos pecadores necesitados de misericordia suena falso.  Él nos engaña en este punto.  Él no ve a las personas LGBT+ como pecadores que necesitan de un Salvador.  En vez de absolverlos del pecado, él afirma que no tienen ninguno, al menos en el ámbito sexual.  La Iglesia a la que Martin los invita es una iglesia libre de cruz.  ¿Contemplen el cordero?  No hay necesidad.  Deje que el buen padre la asuma gritando “paz” cuando no la hay.   

Déjenme ser específico.  El Padre Martin insiste en que como sacerdote él nunca desafiaría las enseñanzas de la Iglesia.  Pero ya lo ha hecho.  Él se esfuerza por alterar la comprensión católica de las tendencias y las acciones hacia el mismo sexo.  El Catecismo define a esto último como “intrínsecamente desordenado” (# 2357) y otros documentos definen la atracción como “objetivamente desordenada”.  El Padre Martin parece apoyar una nueva definición que reformula los deseos y las acciones hacia el mismo sexo como “diferentemente ordenadas”.  Si no hay desorden, no hay necesidad de redención.  Contemplen al hombre que elimina el pecado del mundo.

Él escribe que las personas LGBT+ no “recibirán” el llamado a la castidad.  Yo creo que lo que él quiere decir es que la Iglesia necesita despertar al hecho de que las personas LGBT+ deberían ser libres de actuar de acuerdo a sus sentimientos.  El Padre Martin hace alarde de cómo la Iglesia alberga a todo tipo de pecadores tradicionales; qué más da, ¿por qué no acoger a un montón de exóticos pecadores también? ¡Y no los llamemos pecadores!  Él no puede abogar por las libertades sexuales LGBT+ y no reformular los límites morales para todas las personas.  El Padre Martin quiere redefinir la castidad para nosotros por completo.

Finalmente, Martin aboga por una nueva antropología —el “Católico LGBT+”— y quiere este tipo de lenguaje en los documentos de la Iglesia.  Aquí nos enfrentamos a la diferencia entre “desordenados y “diferentemente ordenados”.  Si la AMS o la disforia de género de una persona son desordenados, ¿por qué construir una identidad en torno a un desorden? ¿No es más congruente con las Escrituras y la enseñanza católica identificarse con la Fuente de nuestro “orden” —Jesús, quien nos define como hijos e hijas del Padre, y nos otorga Su Espíritu para que así sea?  Pero aquí el Padre Martin es consistente.  Él establece un nuevo “orden” al normalizar una serie de quebrantamientos de identidad de género y colocarlos al mismo nivel de las personas inclinadas hacia el sexo opuesto.  El Padre Martin quiere integrar la realidad LGBT+ en la Iglesia.  Él quiere que la novia de Jesús tome sus señales de todas las instituciones arcoíris de nuestra cultura occidental.    

Las buenas intenciones del Padre James Martin ocultan el engaño.  Al socavar la enseñanza de la Iglesia, él elimina la esencia del Evangelio para las personas LGBT+.  ¿Contemplen el Cordero?  No.  Contemplen la farsa.   

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