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A medida que continuamos con nuestra Jornada de 40 Días de Oración y Ayuno por nuestros seres queridos, nos topamos con algunos muros gruesos, o defensas, que rodean sus decisiones sexualmente inmorales. Nos preguntamos por qué si él/ella por naturaleza no es una persona defensiva ¿cómo se fortaleció esta cerca?

Puede ser útil recordar que las anteriores decisiones inmorales son heridas significativas de las cuales no somos conscientes. El quebrantamiento sexual generalmente viene a ser el resultado de una serie de experiencias y mensajes desalentadores en la niñez con las que un alma sensible está de acuerdo e interioriza. Lo que resulta es una creencia dominante de que uno es deficiente en la propia adecuación como una persona de género y que uno está descalificado del amor normal. El enemigo de su dignidad alimenta la vergüenza y el odio hacia sí mismo a un grado que tal vez nunca hemos experimentado.

Cuando esta exquisita alma, ahora sumergida en la oscuridad y peligrosamente puesta contra sí misma, experimenta el amor ilícito ofrecido por otra alma similarmente herida, él/ella siente como si ha entrado en la luz. “¡Alguien me entiende y me presta atención y piensa que soy maravilloso!” A eso súmale el vínculo sensual (sensacional y formador de hábitos) y tienes una fortaleza que es poderosamente defensiva. Una persona hambrienta ahora se alimenta y luchará por su libertad para nutrirse a sí misma.

Nosotros sabemos que estos hábitos “alimenticios” son desordenados y por lo tanto condenados al fracaso. Pero esa conciencia es racional; las personas heridas y el muro surgieron a partir del caos, irracionalmente, y no son inmediatamente expuestos a la razón. Tenemos un problema profundamente espiritual. Nuestro enemigo común que busca destruir estas almas emplea las heridas psicológicas y las defensas para aislarlos del Amor inagotable.

Así que oremos y pidámosle al Padre de todos los vivos que revele Su bondad a nuestros seres queridos. Y Él nos sensibiliza para convertirnos en las respuestas a nuestras propias oraciones: más conscientes de lo que bien puede conducir sus defensas, más inclinados a escuchar Su voz que a la nuestra, pasando del miedo y la lucha hacia la compasión por el bienestar del ser querido. Le pedimos a Dios que queme nuestra vergüenza y nos haga perder el miedo por amor para un mejor propósito de la otra persona.

Pero la espada está en nuestros corazones, no en nuestras manos. Que Él dirija nuestros fervorosos esfuerzos para “encaminar a este ser amado” y conmoverlo en lágrimas por las heridas que llevan. Sólo el agua puede derribar esos muros. Encarnemos el quebrantamiento que invita a nuestros seres queridos a unirse al de Él.

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