Casa > Blog De Andrew > Hogar. Para siempre

Hogar. Para siempre


“Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Jn 1: 14)

En mis esfuerzos durante mi juventud por encontrar un “hogar”, un lugar de pertenencia donde mi parte de la ecuación social encajara y totalizara algo valioso, yo fracasé. A medida que las relaciones “homosexuales” desaparecieron, mi dependencia en las píldoras y los polvos creció. Yo me preguntaba por qué no podía revelar lo bueno que yo poseía. Eso me deprimía, yo no estaba siendo fiel a mí mismo y a los demás.

Yo tuve una vida hogareña muy buena pero eso no me hizo un buen hijo. Yo nunca me tragué las tonterías de los años 60’s de todos éramos hijos de Dios, naturalmente inclinados a la paz y la armonía. Yo quería amar pero no podía, no realmente. Las buenas intenciones se volcaron bajo el peso del egoísmo. Tenía más sentido para mí que yo era un niño bajo el dominio del diablo, alejado del Bien.

Yo sabía que Jesús era real, pero no sabía cómo Él podía hacerme real; ¿cómo podía yo alinearme con Su bien mayor y así llegar a ser bueno? Por eso me encanta la lectura de la Iglesia Católica este día de Navidad tomada de Juan 1: 1-18. Dios entró en el desorden que hicimos de Su mundo “e hizo Su morada con nosotros”; Él se acerca a nosotros vagabundos que nos volvemos violentos en nuestra alienación cuando no lo reconocemos a Él como nuestro Padre.

Quizás Dios sabía que el anzuelo del “padre” era demasiado para nuestros corazones insensatos, cómo nosotros proyectamos nuestros temores del poder masculino en Él. Así que Dios vino como un niño para liberarnos para convertirnos en hijos nuevamente, niños que conocen algo del bien y anhelan convertirse en buenos. Cuando por la gracia lo vemos a Él tal como es -Todopoderoso en un pesebre, Señor de todos los vivos pero humildes, nosotros podemos humillarnos y adorar al niño rey. Esta Navidad, no contengan nada: ¡ofrezcámosle a Él toda nuestra vida dividida! Allí radica Su poder para hacernos suyos, para hacernos buenos.

Sé realista. Sé bueno. Abandona la mentira de que tus buenas intenciones son suficientes. Sólo Dios en Cristo puede darte un hogar -el abrazo del Padre el cual transforma a los hijos de la oscuridad en hijos de la Luz.

“Él vino a lo que era Suyo, pero los suyos no lo recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (Jn 1: 11-13).

 

-Andrew Comiskey 

 

Download PDF

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*