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“Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor…” (1ª Pedro 1: 6, 7)

Me encontré a dos amigos míos en el centro de Portland, Oregón. Nosotros tres guerreros cincuentones que luchamos por nuestra integridad como esposos y padres a la luz de nuestro historial de atracción hacia personas del mismo sexo. Pulidos por la oposición cultural y las pérdidas cotidianas, hemos descubierto juntos que nuestras debilidades sexuales, sometidas a Jesús y entre nosotros mismos, nos han hecho fuertes. A través de la Cruz, lo que amenazaba con deshonrarnos nos ha divinizado.

Extraño descubrir que a la vuelta de la esquina 1300 cristianos “gays” se encontraban reunidos en la Conferencia Anual del “Gay Christian Network” para celebrar todas las cosas homosexuales en el nombre de Jesús. Ya no una contradicción en términos, los cristianos “gays” proliferan hoy en día. Para hacerlo, tienen que pasar por alto la Cruz separando el compromiso espiritual de la identidad y la práctica sexual.

¿De qué otra manera explicas esta meditación bastante extraña de un antiguo líder del Ministerio Exodus Norteamérica (No relacionado con Exodus Latinoamérica), que recientemente ‘salió del closet’ como cristiano ‘gay’? El escribió: “Sí, podría verme con un hombre; sí, podría verme con una mujer; sí, podría verme siendo célibe”. Tantas opciones, tantos dioses.

Por el contrario, mis amigos fueron nivelados por el Misericordioso quien encontró a ambos en pleno proceso de adulterio homosexual. En vez de justificar su conducta invocando a la “nueva normalidad”, estos dos hombres entraron en el fuego; ellos se sometieron a la dura y espléndida tarea de convertirse como Jesús, muriendo a la idolatría y viviendo para Él y los compromisos que ellos asumieron en Su nombre.

Sus esposas se los agradecen; sus hijos adultos ahora les agradecen; los miembros quebrantados de sus iglesias a quienes ellos ofrecen sanidad se los agradecen. Revestidos de santidad, curtidos por la resistencia, sus atractivos rostros están iluminados desde dentro. Ellos viven vidas agradecidas, cultivadas día a día por el Único que es glorioso. Ellos son hombres que valen oro.

En una Iglesia tan mundana que no puede explicar por qué los “cristianos homosexuales” son una contradicción, necesitamos su testimonio. Éste vale oro, es la esperanza de las futuras generaciones.

“Algunos de los sabios caerán, pero esa prueba los purificará y perfeccionará, para que cuando llegue la hora final no tengan mancha alguna… Los sabios resplandecerán con el brillo de la bóveda celeste; los que instruyen a las multitudes en el camino de la justicia brillarán como las estrellas por toda la eternidad” (Daniel 11:35; 12:3).

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