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Integración, No Segregación: La Respuesta a Nuestras Oraciones –

Nos unimos en oración estos próximos cuarenta días, clamando a Jesús para que se convierta en nuestro único fundamento seguro.  Oramos especialmente por los seres queridos que exploran identidades alternativas.  Como nosotros, Jesús invita a cada uno a someter sus anhelos sexuales a la ardiente búsqueda de Dios por nosotros.  Eso es la integración: la alineación de nuestra pasión con la Suya.

Jesús ya está respondiendo nuestras oraciones.  Al inicio del Sínodo Juvenil de los Obispos en Roma, donde las fuerzas pro-LGBT+ buscan la confirmación de la Iglesia, el Arzobispo Chaput de Filadelfia declaró esta asombrosa verdad sobre la integración —la versión robusta de la castidad que sigue siendo el llamado de Dios para Su pueblo:

“Lo que la Iglesia sostiene como verdad acerca de la sexualidad humana no es un obstáculo.  Es el único camino real al gozo y la integridad.  No existe tal cosa como un “Católico LGBTQ” o un “Católico transgénero” o un “Católico heterosexual”, como si nuestros apetitos sexuales definieran quiénes somos; como si estas designaciones describieran comunidades discretas de diferente pero igual integridad dentro de la comunidad eclesial real, el cuerpo de Cristo.  Esto nunca ha sido verdad en la vida de la Iglesia, y no es verdad ahora.  De ello se deduce que “LGBTQ” y el lenguaje similar no deben usarse en los documentos de la Iglesia, porque su uso sugiere que estos son grupos reales y autónomos, y la Iglesia simplemente no clasifica a las personas de esa manera”.

Amén, hermano.  Chaput aplica la enseñanza moral de la Iglesia para combatir las fuerzas corruptoras que han estropeado a una generación.  En vez de reunirnos y bendecir a los falsos Yo, invitamos a todas las personas al amor transformador de Jesús, quien nos establece en un terreno seguro.  Avanzamos juntos.  La integración, no la segregación, debe ser nuestro objetivo.  Unidos como miembros de un cuerpo bajo una Cruz, procedemos hacia el único objetivo de la castidad.

Eso me llena de gozo.  ¡Todavía me queda mucho camino por recorrer, pero llegaré con la ayuda de Jesús y mis amigos!

Nuestros puntos de partida desordenados importan, pero no todos son importantes.  Lo que más importa es que dejemos caer las etiquetas como piedras y simplemente sumerjamos nuestras almas sangrantes (sean lujuriosas o entumecidas) en las aguas de Su misericordia —Su pasión para con nosotros.  Ahí reside Su poder para transformarnos.  Jesús sigue siendo benditamente sencillo, a pesar de nuestras complicaciones.  Gracias, hermoso Salvador, por escuchar nuestros clamores y responder.

 

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