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Justicia 1: Sinvergüenzas

“La misericordia sin justicia es la madre de la desintegración”.  Santo Tomás de Aquino

La convicción del pecado sexual es apagada hoy en día.  Ya no nos sentimos mal por actuar mal.  El mal uso de la misericordia puede permitir el problema.  Cuando aplacamos a los desintegrados que siembran semillas de desorden en todas partes ¿estamos desintegrando a los demás?  ¿Dónde está la justicia para las personas atrapadas en el fuego cruzado del pecado de otro individuo?

La semana pasada, nosotros como personal oramos por una esposa piadosa cuyo marido la abandonó abruptamente y está siguiendo un divorcio rápido para poder continuar con su nueva amiga sexy.  Nuestro pequeño grupo rodeó a una madre cuya hija que una vez fue hermosa ahora adopta una pose de hombre macho y se rehúsa a aproximarse a su madre afligida.  Yo hablé con un colega sobre cómo responder mejor a un amigo que una vez fue casto y que ahora trabaja para un grupo de derechos de los “gays” y que calumnia a sus antiguos compañeros de recuperación / ministerio como terapeutas de “conversión” abusivos y codiciosos.  Los tres casos involucran a personas que rechazan la verdad, que no pueden cambiar la verdad, y desquitan su conflicto con los seres queridos que les recuerdan la verdad.

La justicia trata de la verdad.  Como dice Pieper acerca de esta virtud fundamental: “Lo que es correcto viene antes de la justicia; la justicia es segunda”.  La verdad —nosotros buscamos dar a los demás lo que merecen.  En esto servimos a la justicia.  Es correcto y justo buscar llevar vidas sin divisiones.  Por débiles que seamos, tentados por innumerables deseos, podemos desear una cosa verdadera: amar a los demás de una manera que honre nuestro compromiso con lo que es mejor para todos.  En el ámbito sexual eso implica mantener el compromiso de amor que nosotros sellamos con nuestros cuerpos (también conocido como matrimonio), mantener castas las amistades del mismo sexo, y hacer todo lo posible por honrar el género de nuestro nacimiento.

Es justo nombrar los esfuerzos para “expandir” la libertad humana abandonando estas verdades como injustas.  La libertad de una persona se convierte en la pesadilla de un ser querido.  Antes de adular al pródigo impenitente, primero debemos reconocer que su pecado ha puesto en movimiento una serie de pecados que han victimizado a otros.  ¿Cómo le están haciendo el cónyuge abandonado y el padre afligido y el amigo impotente?  Primero debemos defender lo que es justo cuidando a los heridos.

En segundo lugar, la injusticia de las nuevas libertades sexuales de hoy en día causa estragos en los niños que crecen en un mundo amoral y caótico.  Ayer, todos tenían una sobrina “gay”.  Hoy en día, todo el mundo tiene un sobrino “transgénero”.  ¿Es porque subestimamos el número de personas con trastornos de género?  No.  Sólo los popularizamos, convertimos en loco y moderno “tergiversar el género”, y los niños con un mínimo de formación comenzaron a entretener las posibilidades.  Todo “matrimonio gay”, todo testimonio “transgénero”, todo divorcio contamina el aire y el agua de los que dependen nuestros hijos y los hace mucho más susceptibles a la inmoralidad.  Esa es la naturaleza de la injusticia.  Fundamentada en mentiras, ésta difunde su engaño naturalmente, profundamente.  Oremos por nuestros hijos para que reciban la misericordia.  Hemos sembrado con un viento violento y ahora cosechamos destrucción.

“La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría”.

(1ª Samuel 15:23)

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