Casa > Blog De Andrew > ¿No Juzgar? (Parte 3) El Reino Misericordioso

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Es imposible comprender las declaraciones más famosas de Jesús sobre “no juzgar” (en Lc 6:37-42 y Mt 7:1-5) sin entender la Misericordia Todopoderosa. Hoy en día nos enfrentamos al reino del fatalismo homosexual y el reino de los Fariseos; en gozosa oposición a ambos reinos, Jesús abre un horizonte, un mundo completamente nuevo, para nosotros.

Oportunamente, Él abre Su referencia en Lucas de “no juzgar” haciendo referencia a la “misericordia”. Él dijo: “Nuestro Padre es bondadoso con los ingratos y malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo” (Lc 6:35b, 36). Él procede: “No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará. Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (vers. 37, 38).

La referencia de Mateo es similar: “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano” (Mt 7:1-5).

Jesús está hablando a Sus seguidores que habían recibido misericordia y que sin embargo vivían en una cultura legalista. Él les abrió el horizonte a través de un poderoso amor que expuso sus pecados más profundos y los perdonó. Su mismo amor estableció la verdad en sus partes más íntimas, cumpliendo así con la Ley. Él no anuló el hecho del pecado, la ley moral, sino que en realidad profundizó su significado y luego lo llenó de misericordia. Estos oyentes habían recibido misericordia. En un mundo religioso despiadado, ¿extenderían ellos a su vez esa misericordia y demostrarían así que pertenecían a otro Reino?

Esa es la esencia de la exhortación de Jesús “a no juzgar”. Es como si Él estuviera diciendo: “Considera cómo te he tratado. A la luz del horizonte que abrí para ti, ¿dejarás de lado tus juicios que cierran ese horizonte a la otra persona? A la luz de tu ofensa por la cual te he tratado con misericordia, ¿extenderás la misericordia a la falta de esta persona? Después de haber sido liberado de la prisión del pecado y el juicio y la vergüenza, ¿liberarás a los demás de sus prisiones?”

Él destaca nuestra autoridad como miembros de este nuevo Reino. Dios nos juzgará de acuerdo a los juicios que hagamos de los demás. Nuestro horizonte permanecerá tan abierto como lo estén nuestros corazones hacia aquéllos a quienes nos sentimos tentados de juzgar. ¿Los vemos como intrínsecamente “gays” o como hijos e hijas del Padre, hombres y mujeres de la dignidad creados para vivir vidas castas y fructíferas?

Jesús nos recuerda que debemos identificar primero nuestros propios venenos, escupirlos, beber de la misericordia como nuestra cura y luego extender esa misericordia libremente a aquéllos que vemos como venenosos. No hacerlo nos pone peligrosamente cerca de los Fariseos y de los fatalistas homosexuales que viven vidas pequeñas y reducen a los demás a su tamaño. Jesús vino con un gran Reino y nos invita a entrar en él. Es posible que Él primero nos lleve hasta nuestras profundidades pero Él lo hace para levantarnos con misericordia. Él nos da un gran horizonte eterno para que podamos ver a los demás ampliamente, con generosidad. Él quiere que amemos a los demás a partir de esa generosidad.

Aquí debemos pedirle a Jesús que veamos como Él ve, no la mera apariencia externa de una persona, sino el corazón de alguien cuya búsqueda de amor mal dirigida bien puede estar abriendo camino para el amor divino, el clamor y la cura de todo ser humano.

El Papa Francisco escribe: “Uno no puede evitar admirar los recursos que Jesús utilizó para dialogar con Su pueblo… Yo creo que Su secreto radica en la forma en que Él miró a la gente, viendo más allá de sus debilidades y fallas… Nosotros debemos hacer presente a las personas quebrantadas la fragancia de la cercanía de Cristo y Su mirada personal… Dicha tierna atención “sana, libera y alienta a los demás a crecer en Cristo…”
(EG)

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