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Vilma y Andrew en Kaunas

 

 

 

 

 

 

 

San Juan Pablo II dijo que nosotros descubrimos nuestro verdadero Yo sólo al entregarnos sinceramente a los demás. Nosotros los caídos también sabemos que podemos ofrecernos mal; agarramos, manoseamos, retenemos. Para cerrar la brecha entre la belleza original de los propósitos de Dios para con nuestra sexualidad y el quebranto que contemplamos hoy en día, necesitamos de la divina misericordia.

Cuán bendecido soy de haber servido a los santos en Lituania y Polonia, dos tierras que han “albergado” y honrado a San Juan Pablo II y Santa Faustina Kowalska, quien hace 80 años recibió del Espíritu la imagen de Jesús liberando sangre y agua para nosotros como el signo y el sello de la misericordia de Dios que lo sobrepasa todo.

Yo tuve el honor de unirme con Vilma y su grupo de increíbles líderes de Aguas Vivas en Lituania. Comenzamos nuestro tiempo allí en Vilna, el hogar de la Capilla de la Divina Misericordia la cual alberga la pintura de la imagen original que Santa Faustina recibió de Dios. Mientras orábamos, yo “sentí” que los niveles de agua de la misericordia de Dios subían desde la pequeña capilla (en el espíritu de Ezequiel 47) y comenzaron a fluir hacia la calle principal y luego por toda Lituania.

Mi corazonada resultó ser correcta cuando nos reunimos con notables sanadores “laicos”, obispos y sacerdotes y le pedimos a Jesús que derramara Su Espíritu sobre la obra de Aguas Vivas allí. Yo no he experimentado ese tipo de “corriente” anteriormente; Dios me fortaleció para profetizar continuamente a las personas restauradas que ahora ofrecen sus vidas para sanar a los quebrantados. ¡Qué belleza tan humilde! Lituania elevó mi visión de la Iglesia que trabaja en armonía para liberar sus profundos pozos de misericordia para los afligidos.

El respeto por San Juan Pablo II resuena en toda Polonia. Cuán bendecido fui yo de dar testimonio con los equipos de Aguas Vivas allá acerca de la integración entre el cuerpo humano y el Espíritu que el Papa emérito describe hermosamente en su “Teología del Cuerpo”. Después que yo diera testimonio en Varsovia de cómo Jesús (a través de Sus miembros misericordiosos) me ayudó a salir del impacto desintegrador de la lujuria homosexual, yo descubrí que la sobrina de Santa Faustina estaba entre el público, regocijándose en el “agua viva” de Dios para los quebrantados sexuales.

En Cracovia yo tuve el honor de dirigirme a una sala llena de futuros sacerdotes en el seminario donde San Juan Pablo enseñó (siendo el Obispo Karol Wojtyla). Yo tuve una fuerte sensación de que estos hombres necesitaban ser desafiados amorosamente a crecer en su propia integración sexual. Ellos hicieron grandes preguntas intelectuales, pero sentí que a menos que ellos pudieran articular su propia experiencia de la misericordia de Dios como una clave para la castidad (una palabra católica para integridad sexual y relacional), ellos se perderían de llegar a una generación que insiste en los testigos de carne y hueso del mejor camino que Jesús nos abre.

Cuán privilegiado soy de caminar tras las huellas de los amigos de Jesús. No puedo recordar un itinerario más exigente y la misericordia que me permitió confiar en Jesús en cada paso del camino. Él nos devuelve nuestra belleza cuando nos entregamos a Su misericordia.