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Me causó risa el hecho que Lady Gaga condenara al Vice-Presidente Pence “como el peor representante del Cristianismo” porque su esposa aceptó un trabajo en una escuela que define la libertad como reservar el amor sexual para el matrimonio y por lo tanto exige que los empleados se nieguen a sí mismos en cuanto a otras formas de comportamiento o identidad.  Lady Gaga fue casi superada por Ellen Page quien calificó al actor Chris Pratt como un “incentivador del odio” por asistir a una iglesia que cree de manera similar. 

Lady Gaga

Supongo que Gaga y Page equiparan la libertad con hacer lo que a uno le plazca.  Vivir según los deseos de uno es vivir libre.  Además del absurdo de dos mujeres que se enorgullecen de no condenar a nadie que no esté de acuerdo con ellas, creo que podría ser útil decir algunas palabras sobre la libertad cristiana.

Los cristianos ciertamente reconocen que las personas poseen deseos en muchas direcciones —Jesús mismo habla del corazón como una fuente de sentimientos que pueden resultar en daños autoinfligidos y daños a los demás (Mc 7: 14-23).  San Pablo lleva esto un paso más allá cuando él argumentó teológicamente sobre la evidente inmoralidad sexual de la antigua Roma; él afirmó que la humanidad conoce mejor y debe suprimir lo que conocen para actuar de manera antinatural, bajo el poder de los deseos esclavizantes (Rom.  1: 18-32).  Eso sonó cierto.

Yo tuve la libertad de identificarme y comportarme de forma homosexual, pero me convertí en un esclavo de mis propios deseos.  La pasión no me liberó sino que me dominó.  En vez de aprender a dirigir mi sexualidad de una manera que engendrara vida en los demás, me enfoqué en mí mismo y me volví caótico al buscarme a mí mismo en una serie de espejos resquebrajados.  Se podría decir que estaba siendo fiel a mi Yo malo.  Eso tiene una integridad mórbida pero gracias a Dios por las personas que abogaron por mí más allá de la intercesión superficial de una Gaga o de una Page.  Este esclavo necesitaba libertad más allá de “para que tu propio Yo sea verdadero”.

La verdadera naturaleza de uno está ligada en otro: la persona de Jesucristo.  Los cristianos saben esto con profundidad como la de un niño.  En vez de atacar los síntomas adictivos de otros, ellos acompañan a los extraviados hacia Él mismo, el único espejo inmutable del verdadero Yo.  Jesús, a la vez Creador y Redentor, tiene una autoridad amable para evocar a quienes somos de una gran cantidad de opciones débiles, incluida la fragmentación LGBT. 

Luego viene el buen y duro trabajo de volverse casto, el cual consiste en aprovechar el deseo de una manera que dignifique a todos.  No siendo ajeno a la esclavitud sensacionalista, San Agustín lo dice de esta manera: “La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos” (CCC #2340).

Qué tremendo hombre.  Él le dio lenguaje a nuestros corazones divididos los cuales se moverán en vano por un centro hasta que nos encontremos en Jesús.  Gaga sabe algo sobre esto en su lamento declarado por asociarse con el abusador/rapero R. Kelly.  Esta mujer talentosa ahora aspira a la dignidad, incluso a la fe cristiana.  ¿Por qué ella no puede permitir que otros persigan la suya sin satanizarlos?  Ella podría beneficiarse de saber cómo Jesús toma a los esclavos de la libertad LGBT y nos convierte en hijos e hijas fecundos.

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