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death-or-liberty-2“Tomaste también a los hijos y a las hijas que tuviste conmigo y los sacrificaste como alimento a esos ídolos… Inmolaste a mis hijos y los pasaste por fuego como ofrenda en honor de esos ídolos” (Ez 16: 20, 21)

Impensable. Un padre deja a su hijo de 22 meses de edad en un coche caliente hasta morir mientras intercambia selfies desnudos con seis mujeres. Monstruoso.

Piensa otra vez. El monstruo vive en nosotros, tentándonos a abandonar nuestra propia dignidad y la vida de aquéllos a quienes más amamos. El final de la adicción sexual, en verdad de todos los actos sexuales ilícitos, es la muerte. Pocos entre nosotros no han experimentado la seducción de las imágenes eróticas u objetos de amor cuya presencia promete una oleada de placer tan intenso que sólo podríamos renunciar a todos los demás por sus exigencias.

Dos cosas quedan claras en la tragedia que salió a la luz en un tribunal de Georgia la semana pasada: en primer lugar, la adicción esclaviza el deseo. Toma nuestro deseo bueno y normal por el amor y tergiversa/corrompe/intensifica esos deseos uniéndolos a objetos falsos. Ni la mujer real que concibió ese niño, ni el niño abandonado hasta morir, estaban en la mente de su padre mientras él temblaba con anticipación por la siguiente imagen desencarnada en su I-Phone.

Él había entrado en el mundo demoníaco de ensueño de fantasmas, irrealidades muy alejadas de las facturas y los pañales y las necesidades humanas. Deidades vengativas le prometieron un alivio a costa de la vida real. Estos demonios exigen sangre.

Además de esclavizar nuestros deseos, la adicción nos ciega con el impacto de nuestras compulsiones. Los adictos no pueden recuperarse mientras viven en la mentira de que su esclavitud no impacta a nadie sino a ellos mismos. Por lo tanto, el llamado de atención a los adictos al autoconsumo es un ser querido que se topa con la aventura o los miles de sitios web en la computadora de la casa.

Los cónyuges y amigos suficientemente íntegros suenan la alarma: “Lo que te mata también me mata a mí. Yo ya no voy a participar en nuestra muerte lenta. Busca ayuda. No recibir ayuda significa que tú estás tomando la decisión de limitar seriamente nuestra relación, si es que ésta no termina”.

Heather King lo dice mejor: “Tratamos de ser puros porque alguien más necesita que seamos puros. Alguien que sufre necesita que nos abstengamos de usar a otra persona, ya sea en la realidad o la fantasía, para anestesiar nuestro propio dolor. Tal vez esa persona está frente a nosotros en la fila de la tienda de comestibles con tres niños gritando. Quizás esa persona es nuestra pareja”.

Haz sonar la alarma. Despiértate con el impacto de pesadilla de tus dioses y diosas de ensueño. Ellos te esclavizan y te exigen la sangre de las personas que más amas. Recuerda los rostros reales de la persona con quien te casaste, los hijos que engendraste o concebiste, los rostros de los hijos que tu amante ha abandonado para bailar contigo. Nuestro Dios es justo y castigará a las personas que hacen caer a estos “pequeños”. Ve sus rostros y arrepiéntete mientras puedas.

Yo me asombro de la oscuridad que se cierne sobre las familias cristianas de hoy en día en las cuales la madre o al padre que enfrenta atracción hacia personas del mismo sexo se le da un “pase” para explorar su destino homosexual porque el pobre no puede evitarlo. Así que un padre abandona a su familia por unas “vacaciones de primavera” con homosexuales. En el nombre de la compasión, estamos sacrificando a nuestros hijos a los dioses ídolos. La justicia ha tropezado en las calles.

Despierta. Tú tienes una opción. Busca ayuda. Tú no puedes superar esto solo. Esto sólo se logra con la ayuda de otras personas. Busca un grupo que esté desesperado por Dios y por un compromiso diario de amar a personas reales. Al igual que cualquier drogadicto, debes prepararte para pasar por síndromes de abstinencia. Clama pidiendo misericordia constantemente. Dios siempre escucha la oración y en algún momento esa misericordia invadirá tu corazón. Adora a Jesús. Apaga la canción “Blues in the Night” y canta el himno “Amazing Grace”. Tú eres un desdichado y un amado hijo de Dios. Tu destino es el amor.

“Si decido actuar de tal manera que me separa de mi destino infinito, me acerco más al abismo de no ser libre, es decir, de no poder amar más. Yo puedo ser rescatado sólo cuando la atracción del infinito gana sobre lo que me aleja de éste. Esa es la redención de mi libertad”.                                                                                                        Monseñor Lorenzo Albacete, citado por Christopher West en El Corazón del Evangelio

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