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“Nos enfrentamos a un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la cultura de la muerte y la cultura de la vida.  No sólo nos encontramos ante este conflicto, sino necesariamente en medio de él; todos estamos involucrados y todos lo compartimos, con la ineludible responsabilidad de elegir ser incondicionalmente pro-vida”.  San Juan Pablo II

La semana pasada, mientras brillaba el sol y Annette y yo nos reíamos con los nietos, sentí una pesadez inexplicable.  Me aparté para orar y discerní algo parecido a “luchar en los cielos”.  Demasiado místico.  Locuras de viejo.  Pre-demencia. 

Una hora más tarde, Annette me llamó para ver las noticias de la TV (que ahora odio más que nunca debido a sus críticas partidistas) para ver la nominación de Amy Coney Barrett al asiento de la Corte Suprema de los EEUU dejado por Ruth Bader Ginsburg.  Mientras yo observaba a Amy y su enorme y diversa familia frente a la cámara, se rompió la pesadez.  Pro-Vida.  Claridad.  Mujer ordenada y empoderada.  Erudita.  Madre.  Sabiduría.  Humildad.

La luz amaneció y luego se puso.  Al anochecer, el Espíritu me instó a orar por Amy.  Orar por su familia.  Oré por los niños no nacidos.  No me he detenido.  Tampoco el personal del Ministerio Desert Stream/Aguas Vivas.  Amy será nuestro único enfoque de oración “allá fuera” durante los próximos 40 días.  Únanse a nosotros.

¿Por qué orar por Amy y por los no nacidos?  Nuestro enfoque en la claridad de la identidad sexual y la castidad es parte de la cultura de vida que comienza con proteger a los más vulnerables —los bebés en el vientre.  Así como cada segmento de la vida de Jesús está vinculado al todo y sólo puede entenderse en su plenitud, también lo está cada segmento de la cultura de vida, desde proteger el vientre hasta velar por aquéllos que están a la sombra de la tumba.  El Ministerio Desert Stream (DSM) eleva el listón por la creativa y responsable “entrega de dones” en el ámbito sexual, la cual exige el compromiso de apreciar al otro género.  Tal mayordomía de nuestra sexualidad llena del Espíritu comienza con la protección de los no nacidos.  Punto.

Prepárense para la batalla.  Los poderes malignos (no las personas malvadas) buscan descarrilar los poderes de la vida y el amor en las personas; si el aborto no apaga la chispa, entonces la identificación LGBT+ lo lleva a un sensacionalista callejón sin salida.  Frank Worthen, fundador de los ministerios transformacionales para las personas sexualmente confundidas, hace una década recibió una visión abierta del Arcángel San Miguel luchando contra una multitud de demonios.  Frank, un hombre no católico, interpretó esta lucha espiritual como si la Iglesia restauraría a los inclinados hacia las tendencias LGBT+ o los confirmaría en sus Yoes malignos.

Vivos a esta batalla, postrados, nosotros, como personal fuimos enormemente ayudados el martes pasado por la Fiesta de los Arcángeles, es decir, San Miguel.  La Iglesia mundial se unió a nosotros mientras meditábamos en Apocalipsis 12: 7-12: “Se desató entonces una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron al dragón…  Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña al mundo entero.  Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra.  Luego oí en el cielo un gran clamor: ‘Han llegado ya la salvación y el poder y el Reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de Su Cristo.  Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.  Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.  Por eso, ¡alégrense, cielos, y ustedes que los habitan!’”  

Oremos juntos intensamente en esta temporada contenciosa.  Invocaremos la Sangre que sustenta la vida en el vientre y después; pediremos nueva audacia para permanecer en nuestra dignidad original y dar testimonio de Aquél que nos reconcilió con esa dignidad.  Que no amemos nuestras vidas tanto que dejemos de declarar cómo Él nos hizo libres.  Y oremos por el rápido nombramiento de Amy en la Corte.  Hagamos que el cielo se regocije.

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